Lunes 02 de junio del 2008 Sucesos

En Manta, decenas de menores abandonados son trabajadores

MANTA

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MANTA, Manabí. Verónica Egas (i) trabaja con niños del programa Muchacho Trabajador, que fueron rescatados de las calles.

Al puerto manabita llegan niños de varias provincias del país, según estudios de  organismos.

Tienen desde 7 y 8 años, pero ya deambulan por los sectores aledaños al malecón de Manta en busca de algo de dinero para poder subsistir; son los 92 niños y niñas trabajadores que hoy se encuentran en riesgo, porque salen a las calles ante el escaso control de sus padres.

Verónica Egas, una de las psicólogas del programa Muchacho Trabajador, que funciona en la ciudad, es quien indica que en los actuales momentos es casi normal ver a grupos de niños que recorren el malecón de Manta sin una vigilancia.

“La situación de ellos es bastante grave. Incluso hemos llegado a conocer que muchos de estos niños y niñas son el sostén de sus familias; es decir, que hay una correlación de sus familiares en esta problemática social, entonces es preciso actuar desde ya”, reconoce Vega.

Esos casos también los certifica Isabel Palma, coordinadora del programa Desarrollo y Autogestión (DYA), organización que en Manta lleva ya tres años en un proceso de rescate de niños trabajadores para poder reinsertarlos a los estudios, en algunos casos, y en su mayoría a que dejen de recorrer las calles para ganar algo de dinero.

Cuando Palma analiza esta problemática, recuerda que los casos más comunes son los de niños y niñas que venden flores en lugares como el Malecón Escénico de Manta, sector que es visitado por muchos extranjeros, e incluso personas con malos antecedentes, de las que en ciertas ocasiones son víctimas.

Para lo que es más difícil hallar solución es para los niños  que convierten sus cuerpos en herramientas de trabajo. Palma cuenta que en el grupo de menores trabajadores, cuya mayoría es de parroquias cercanas, hay uno de 11 años que, pese a su corta edad, se ha declarado homosexual, “con nombre incluido: Katherine”, indica.

Según la Dirección Nacional de la Policía Especializada en Niños, Niñas y Adolescentes, Dinapen, en el 2007, en la provincia de Manabí hubo al menos 45 menores que no fueron encontrados después de conocer las denuncias de sus padres. Además, 22 fueron víctimas de abusos sexuales y apenas tres lograron ser rescatados de una red de prostitución infantil.

Sensibilidad es lo que pide esta promotora social, pues considera que es momento de que se reaccione en forma coordinada con los actores sociales de Manta, para rescatarlos. Los lugares para ayudarlos son escasos en esta ciudad, y dice que hay espacios prácticamente  desiertos, por temores infundados, como ocurre en el albergue del Patronato Municipal.

“Pediría a la sociedad civil, al mismo Municipio y a todas las otras instituciones que veamos los problemas reales, que prioricemos y aprendamos a coordinar esta crisis, porque por mucha inversión social que pueda darnos el Estado como tal, no vamos a solucionar los problemas”, dice, y asevera: “El problema está en que nosotros lo enfrentemos con nuestras posibilidades, con las instituciones locales, pero lo antes posible. No hay que ser tan insensibles ante esta dura realidad”.

Involucrados en robos
Durante un diagnóstico realizado por esta organización de ayuda social, también se llegó a conclusión de que en las calles de Manta hace tiempo opera un grupo de menores que deambulan a toda robando a los ciudadanos, aunque la mayoría se dedica a la mendicidad.

Pero hay un detalle que Palma deja claro: todos estos chicos no son de Manabí, por lo tanto, en Manta no poseen un hogar. En los contactos que han mantenido con los menores, han llegado a conocer  que muchos de ellos son originarios de Santo Domingo de los Tsáchilas, otros de Portoviejo, también hay de Esmeraldas e incluso de Guayaquil.

Egas considera que es el momento de realizar un trabajo de concienciación para poder rescatar a los menores que con el tiempo se han convertido en un soporte económico en sus hogares, pero que padecen de graves  crisis en sus relaciones afectivas, o que ante problemas como la violencia sexual o intradomiciliaria deciden buscar las calles como refugio.

“Es importante que la sociedad y sus familias reconozcan que, pese a los duros momentos que ellos viven,  en su interior siguen siendo niños”, asegura Egas, aunque también reconoce que en algunos casos es  difícil revertir  la formación de los menores, más cuando ya son jóvenes y experimentan graves  problemas de identidad, por la falta de guía de sus padres.

Las especialistas también indican que si bien la mayor dificultad en Manta son los niños que trabajan hasta las primeras horas de la madrugada, algunos de los cuales incluso venden sus cuerpos, también está el escaso control. Pero hay un tropiezo en el intento de rescate de los niños, que es la falta de lugares donde trasladar a quienes desertan de sus hogares.

Al momento solo cuentan con la Fundación Shekinah, instalada en un local ubicado en el barrio Cristo Rey, donde funciona  con recursos privados en tres bloques de viviendas.

También está el albergue infantil del Patronato Municipal de Manta, donde en cambio hay ciertos temores al momento de recibir a los menores, porque indican que en más de una ocasión han destruido bienes.

Verónica Egas
Psicóloga

“La situación de ellos es bastante grave. Incluso hemos llegado a conocer que muchos de estos niños y niñas son hoy el sostén de sus familias; es decir, que hay una correlación de sus familiares en esta problemática social, entonces es preciso actuar desde ya”.

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