El nombre de la organización es largo, pero su objetivo es simple. La Fundación del Estado para el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv) es el organismo del Estado venezolano que se ocupa de 125 orquestas juveniles y del programa de entrenamiento musical que las hace posibles. Las paredes de las oficinas principales en Caracas están cubiertas con fotografías de varias generaciones de niños radiantes con sus instrumentos. Tantas sonrisas, tantos niños, tantos instrumentos que es difícil encontrar un espacio en blanco en las paredes.
El proceso
“Nuestro primer objetivo no es crear músicos profesionales”, explica Xavier Moreno, secretario de Fesnojiv. “Se trata de rescatar a los niños”. En efecto, con sus 30 orquestas profesionales y su creciente flujo de solistas aclamados internacionalmente, Fesnojiv (que los venezolanos conocen como la Orquesta o El Sistema) hace un grandioso trabajo dando como fruto músicos profesionales. Pero su logro más grande son los 250.000 niños que acuden a las escuelas de música alrededor del país, 90% de los cuales provienen de familias de escasos recursos.
Lennar Acosta, ahora un clarinetista en la Orquesta Juvenil de Caracas y profesor en el Conservatorio Simón Bolívar, había sido arrestado nueve veces por robo a mano armada y drogas antes de que el sistema le ofreciera un clarinete. “Al principio yo pensé que ellos estaban bromeando”, recuerda. “Yo pensaba, nadie va a confiar que un muchacho como yo no va a robarse un instrumento como ese. Pero luego me di cuenta de que ellos no me lo estaban prestando. Me lo estaban dando. Y se siente mucho mejor en mis manos que un arma”.
Acosta cuenta la historia que es el eco de los 400.000 jóvenes que han crecido con el sistema desde sus inicios. Los principios son simples. A los niños, a veces hasta de 2 años, se les da un instrumento tan pronto como pueden sujetarlo. Enseñanza, excursiones, música y cuando es necesario, soporte social, está todo garantizado gratuitamente, mientras el niño quiera tocar en alguno de los ensambles del sistema. Las lecciones se efectúan en grupo.
Los niños que logran una escala o un par de ellas son asignados para apoyar a otros más jóvenes. El soporte entre compañeros es fundamental. El tocar en una orquesta es parte del programa desde el comienzo. Seis días a la semana, cuatro horas al día, los niños hacen música juntos en una de las 90 escuelas de música, o núcleos, en todo Venezuela.
Progresan con una rapidez asombrosa. Criados en un ambiente de apoyo, cariño, ánimo mutuo y placer absoluto, sin restricciones a la hora de hacer música, los chicos a menudo alcanzan un nivel de dominio de sus instrumentos que les permitiría entrar en una universidad europea apenas iniciada su adolescencia.
Con más y más músicos excepcionales en el circuito internacional provenientes de Venezuela, el mundo está mirando atentamente. Claudio Abbado, director de orquesta italiano, ha hecho largas visitas a Venezuela, ensayando y dirigiendo con los jóvenes durante semanas y habla del sistema en términos superlativos. Zubin Mehta, Plácido Domingo, Lucianno Pavarotti y el fallecido Giuseppe Sinopoli, todos han trabajado con ensambles venezolanos, y se expresan con gran admiración.
Simon Rattle, director de la Orquesta Filarmónica de Berlín, lo ha llamado “el evento más importante sucediendo en la música clásica en cualquier lugar del mundo”. El programa ha recibido premios de la Unicef y Unesco, y expresiones de admiración de figuras diversas como el ex presidente sudafricano Nelson Mandela y el actor Roger Moore.
La batuta
El director de Fesnojiv es Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 1981) a quien la prensa internacional lo ha elogiado en varias ocasiones: “Una superestrella de la música”, “un prodigio”, “un conductor electrizante y un talento único”. Los superlativos abundan cuando se habla del venezolano, quien ha estremecido diversos escenarios internacionales.
La crítica también lo ha aclamado por su habilidad para comunicarse con sus músicos hasta el punto de crear una atmósfera descrita como electrizante e inspiradora. “Él y la orquesta forman una sola unidad”, señaló el London Times, según el cual la batuta de Dudamel “lleva tanto a músicos como al público a un viaje sin igual”.
“Los jóvenes aprenden primero una inquebrantable mística de trabajo en equipo”, señaló el New York Times.
Inspirador
Aunque sigue pasando buena parte de su tiempo en Venezuela, Dudamel es hoy en día el conductor de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo. En el 2006, después de un concierto que dio en la ciudad inglesa de Birmingham, la crítica destacó que Dudamel “había producido suficiente electricidad como para iluminar a toda la ciudad”, y fue definido como “un hombre con un talento sin fronteras, un gran enamorado de la música con el mundo a sus pies”.
Muchos piensan que su éxito se basa en que ha trasplantado la filosofía del sistema de orquestas sinfónicas juveniles de Venezuela al escenario internacional. El Sistema, como se conoce a este conjunto de orquestas, ofrece la oportunidad de involucrar en la música a jóvenes de escasos recursos, muchos de los cuales han sido rescatados de la delincuencia y la drogadicción.
Atmósfera mágica
“Yo creo que el conductor es simplemente otro músico en la orquesta. Cuando tú comunicas esta energía a los demás, creas una atmósfera, un ambiente mágico en el que todos sienten que pueden contribuir”, señaló Dudamel a The Independent.
Es en parte por esto, sostiene Dudamel, que El Sistema continúa siendo una fuente permanente de inspiración.
Actualmente, El Sistema da trabajo a quince mil profesores de música. El presupuesto que el gobierno otorga a la orquesta alcanza los $ 29 millones anuales en un país donde el promedio de ingresos anual está por debajo de los $ 3.500, es suficiente para obrar milagros.
Fuentes: EFE y www.deutschegrammophon.com/
El arte se convierte en un poderoso instrumento de desarrollo social y la sociedad adquiere con el arte un nuevo compromiso: sostener el derecho de los niños y los jóvenes a la educación artística, especialmente los de medianos y bajos recursos“.
José Antonio Abreu