El concepto de una buena fiesta infantil ha cambiado mucho en los últimos años. Lo que antes era una fiesta pequeña en la comodidad del hogar, con un payaso y cosas de picar para los invitados, ha evolucionado y ahora son elaboradas celebraciones con shows, horas locas, salta saltas y decoraciones.
Para este fin los padres de familia piden los servicios de negocios que se especializan en la animación de fiestas en locales selectos para niños de todas las edades. En estas reuniones los animadores aprovechan para enseñarles a los pequeños mensajes positivos por medio de sus shows didácticos. Así la diversión facilita el aprendizaje de valores que en esta época son tan necesarios para los menores.
María José Coka, de Punto Mágico, uno de los negocios de este tipo que ella maneja con sus socias Graciela Arosemena y Sory de Moya, comenta que entre los niños de 5 y 12 años lo que más se pide son los shows con conocidos personajes de la televisión y entre los más pequeños predominan los actos con magos, payasitas y pinta caras. “Me encanta ver cómo los pequeños disfrutan viendo un espectáculo con sus personajes favoritos”, dice Coka, quien nos confía que de cierto modo su hija ha sido como un termómetro para saber qué es lo que está de moda y qué no.
Nuevas costumbres ya se están haciendo tradición, como la famosa hora loca que tanto se ha visto en bodas. Según Coka, esto también está muy de moda en las fiestas de los más chicos. La hora loca es el momento cuando inesperadamente llega a una fiesta un grupo de gente tocando instrumentos de música y, entre mimos, payasos, malabaristas, haciendo mucha bulla, repartiendo sombreros, pitos y máscaras a los presentes, bailando y haciendo el trencito.
De las tradiciones que han cambiado está la piñata, que antes se le pegaba con los ojos vendados, mientras hoy en día se la rompe con los ojos abiertos y los animadores se aseguran de que todos los niños recojan suficientes caramelos. Los papás y mamás participan más de las festividades. En el pasado solamente se sentaban con los otros adultos a comer y charlar, y ahora son parte de las celebraciones.
Según María Tungsan, de Castillo de los Sueños, los niños “ya casi obligan a los padres a concursar”, porque con la participación de los adultos los pequeños se pueden llevar premios.
El payaso que usualmente animaba las fiestas en el pasado ha sido casi remplazado en su gran mayoría por jóvenes animadoras parvularias, quienes están especialmente preparadas y capacitadas para este tipo de eventos.
Otra diferencia notable es que las mamás ya no se involucran en la preparación de las fiestas de sus hijos como lo hacían antes. Ya ni si quiera hacen la infaltable torta, prefieren mandarlas a elaborar. Esto es porque como las fiestas son de una magnitud mayor, prefieren ayudar solo con los detalles mínimos, como las invitaciones.
Una razón que Tungsan da para justificar las diferencias radicales entre las fiestas del pasado y las de ahora es que los niños de hoy son más activos que antes y necesitan estar haciendo algo siempre, sea jugando en el salta-salta, pintándose la cara o participando de actividades como el baile de las sillas. Aquí es donde estas jóvenes guayaquileñas aportan a la diversión de nuestros niños, ayudándonos a llenar nuestra ciudad de sonrisas que nunca están de menos.
Tungsan dice que la recompensa más grande de su trabajo es “saber que los niños están felices cuando participan de juegos o ver cómo sus caras proyectan alegría cuando se las pintan”.
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