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¿Está de acuerdo con la corresponsabilidada en el hogar?

Texto: Silvia Coello

La Asamblea Constituyente aprobó dentro de los artículos de Derecho al Trabajo la corresponsabilidad y reciprocidad de hombres y mujeres en las tareas domésticas y en las obligaciones familiares.


Desde las 07:30 hasta las 15:00, Javier   se encarga del cuidado de sus dos hijos: un niño de 7 meses y una niña de 4 años. El cuidado del bebé incluye cambiarle los pañales, darle de comer, hacerlo dormir y jugar con él. Para la preparación de la comida cuenta con la ayuda de la empleada doméstica de la familia. A las 11:00 va a ver al jardín a la pequeña. Desde ese momento atiende a los dos, hasta las 15:00, en que sale a trabajar en su taxi. Así, los niños quedan al cuidado de la empleada hasta las 16:30 en que Jacqueline,  esposa de Javier, llega del trabajo. “Ahí comienza la posta, entonces yo le indico a Jacqueline cómo quedan las cosas, a qué hora le toca al bebé la mamadera, a qué hora le di el remedio, si tiene tareas la niña, etcétera”, cuenta Javier.

“Básicamente, Roberto me ayuda con el cuidado y educación de los niños”, dice Jacqueline. Pero  cuando aún no tenían niños, la pareja, casada hace seis años, compartía las tareas de la casa. “Yo cocinaba y él barría la casa, yo lavaba la ropa y él limpiaba la refrigeradora, como no teníamos empleada, para cuando yo llegaba del trabajo él ya tenía adelantado el arroz”.

El caso de esta pareja no es la norma en el país. Según una encuesta sobre el uso del tiempo de hombres y mujeres, promovida por el Consejo Nacional de Mujeres (Conami), las mujeres le dedican a la semana un promedio de 35 horas al trabajo doméstico, mientras que los hombres 12 horas, de lo que se deduce que las mujeres dedican 23 horas semanales más que los hombres al trabajo doméstico de su hogar.  Pero la encuesta se refiere al “tiempo social”, es decir que no se dedican exclusivamente a ello como actividad productiva.

Además de la atención de los niños, se incluye en el trabajo doméstico  cocinar, limpiar, lavar, planchar, acomodar ropa,  el traslado de miembros del hogar, las compras y la gerencia del hogar.

Al tiempo dedicado por las mujeres a las labores domésticas, se suma el hecho de que muchas de ellas además trabajan fuera del hogar. En  Ecuador  los avances en la participación de las mujeres en el mercado de trabajo  ha ido en aumento. Esa participación pasó de 16,9% en 1980 a 33,5% en el 2005, según datos del mismo sondeo.

Sin embargo, la incursión femenina en el mercado laboral no las ha liberado del trabajo doméstico. De ahí que el 13 de mayo pasado, dentro de los artículos referidos al Derecho al Trabajo, el pleno de la Asamblea Constituyente, que elabora la nueva Constitiución, aprobó la corresponsabilidad y reciprocidad de hombres y mujeres en las tareas domésticas y en las obligaciones familiares.

“El objetivo es que quede sentado como norma constitucional para que las nuevas políticas de Estado garanticen o viabilicen que esto sea posible,  porque a pesar de que muchas mujeres tienen un trabajo fuera del hogar, ese doble esfuerzo no es reconocido por los esposos,  incluso, se permite todavía que las mujeres sean agredidas en el hogar porque no cumplen con sus tareas”, explica la asambleísta Irina Cabezas, vicepresidenta de la mesa 6, de Trabajo, Producción e Inclusión Social.

Sobrecarga y agotamiento
El trabajo doméstico no es remunerado y para que sea considerado  una actividad productiva, también se aprobó  que la protección de la seguridad social se extienda progresivamente a las personas que tengan a su cargo el trabajo familiar no remunerado en el hogar.

Aunque las estadísticas son reveladoras, las encuestas olvidan el tiempo empleado por las mujeres en las salas de espera de los médicos, en las horas de sueño perdido por cuidar  hijos enfermos, en la dedicación a pesar del cansancio de una jornada de trabajo para ayudar y revisar tareas escolares, etcétera. “Eso se llama sobrecarga y produce agotamiento, ansiedad y en algunos casos, hasta depresión y son síntomas más comunes en las mujeres, no solo por una cuestión biológica de diferencia hormonal sino porque al ir ganando cada vez más espacios, la mujer también tiene más cargas sobre sus hombros”, indica el psiquiatra Salvador Peralta.

“Sino es con mi esposo a algún compromiso, o con los niños, yo salgo muy poco, cuando lo hago con unas amigas unas dos veces al año es todo un acontecimiento y es porque ya dejamos todas las cosas hechas, a los niños con mi mamá, ¿pero por qué tenemos que quedarnos cambiando  pañales y limpiando mientras ellos se van a un bar?, cuestiona Yolanda, casada y madre de tres niños.

“Si un miembro de la pareja siente que tiene más carga y responsabilidad, si siente que el trato es injusto nace el resentimiento y el enojo y eso influye negativamente en la relación de pareja, pues además del cansancio físico por el trabajo en el hogar, esos otros sentimientos inhiben hasta el deseo sexual”, expresa  Cecilia Chávez, terapeuta de pareja.

Como en casi todo hay excepciones, y hay hombres que como Javier, e incluso con más responsabilidades, ayudan a su pareja en las tareas del hogar, pero aun cuando se  apruebe en el referéndum la nueva Constitución, ¿es suficiente garantía para una mujer el reconocimiento de que no es solamente obligación de ella el cuidado del hogar?

“Bueno, esto tendría que asumírselo en las leyes de la niñez y la familia, pero sobre todo, lo que queremos es que el reconocimiento de la corrresponsabilidad sea asumido por las nuevas generaciones”, explica la asambleísta Cabezas.

En nuestra sociedad, al igual que en la mayoría de las sociedades, tradicionalmente se ha atribuido a las mujeres la  responsabilidad del trabajo doméstico, en tanto que a los hombres la actividad considerada como propiamente económica. Así, los esquemas familiares se repiten generación tras generación.

Pero además, “muchas veces las mujeres nos apoderamos de ciertos papeles y no les permitimos a ellos la entrada a ciertos espacios, no queremos, por ejemplo, que nuestros esposos e hijos varones cocinen o cuando hay un bebé recién nacido no permitimos que los hombres los cojan, los bañen o los cambien porque nos da miedo. Así, les enseñamos a ser periféricos, a estar fuera de la parte doméstica, de la crianza de los hijos, de la parte afectiva y solo les otorgamos el rol de proveedores”, señala la terapista familiar Sonia Navas.

Programas educativos
Educación es la palabra clave. En España, por ejemplo, existen programas dirigidos a niños y niñas de educación primaria que fomentan una imagen diferente de la figura paterna con lemas como “mi papá me cuida”, “mi papá me mima”, “mi papá me enseña” y “mi papá hace las tareas domésticas”.

La idea de un programa educativo de esa naturaleza le parece  a Nelson, casado hace dos años y padre de un niño de 5 meses, “una exageración”. “Estoy de acuerdo con la corresponsabilidad siempre y cuando ella tenga un trabajo fuera de casa”,  indica Nelson, quien admite que “es verdad que hay hombres que cuando hacemos una tarea de vez en cuando, tenemos la tendencia a decir que  las realizamos como si fuera continuamente”.

Los beneficios de la corresponsabilidad son muchos.  Según los especialistas en parejas, cuando aún no hay hijos ayuda a pasar más tiempo juntos, a conocerse y respetarse, y cuando ya hay niños, en los hombres mejorará considerablemente la relación con los hijos, e incluso puede liberar a los hombres del complejo de culpa hacia las mujeres.

“Tomamos la decisión de que Javier me ayudara con el cuidado de los niños, porque durante los dos primeros años de mi hija la dejé con mi mamá y ella la engreía mucho, ahora la niña está aprendiendo a respetar más a su papá, tiene una mejor relación que antes con él, el bebé está muy apegado a él, y como pareja él me comprende y me valora más,  pues antes le parecía muy sencillo el trabajo que yo hacía”, manifiesta Jacqueline.

“Me tocó hacer esto por la necesidad, por las circunstancias, pues aunque haya una empleada, siempre quisimos que alguien estuviera en la casa con los niños porque son muy pequeños aún, y como experiencia es algo chévere,  al pasar más tiempo con mis hijos con solo mirarlos sé cuando tienen hambre o les duele algo”, comenta Javier.

Dentro del artículo sobre los derechos reproductivos en el ámbito laboral, la Asamblea también aprobó  el derecho a licencia por paternidad. “Fue precisamente como un complemento a esa reciprocidad y corresponsabiliad”, dice la asambleísta Cabezas.

Si se aprueba en el referéndum los artículos aprobados por la Asamblea, en el Código de Trabajo se deberá reglamentar los días de permiso para el padre, antes y después del nacimiento.

“Estar con un hijo recién nacido, indefenso, hará sentir el lazo de paternidad de una manera más fuerte, eso hará que un hombre piense dos veces antes de abandonar a un hijo”, indica la terapeuta Chávez, quien añade que  estar cerca de la pareja antes del alumbramiento, también  ayudará  a que él valore más a su esposa al ver  por todo lo que pasa, y luego en ayudarla en el cuidado.

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