La costumbre viene del siglo V dC. Según la leyenda, Santa Brígida, a la sazón abadesa de un convento de monjas, se quejó ante San Patricio de que las mujeres no encontraban candidatos.
Hay que recordar que en aquella época las monjas no eran necesariamente célibes, que el celibato era una opción individual.
De modo que San Patricio autorizó que las mujeres pudieran solicitar ellas el matrimonio en año bisiesto. Brígida propuso matrimonio al santo, dice la leyenda, pero él no le cedió la mano.
Además, San Patricio estableció una condición: si los hombres no aceptaban la propuesta, tenían que hacerle un regalo a la dama, una prenda de seda, un vestido, unos guantes.
Lejos de ser una tradición perdida en el medievo y sin ninguna repercusión en la vida moderna, una encuesta anticipaba que este viernes en el Reino Unido unas 700.000 mujeres solicitarán matrimonio.
Philip Dodd, escritor e investigador británico, dijo a la BBC que a principios del siglo XX la costumbre cobró fuerza al ser ese un momento clave cuando se comenzó a avanzar en el reconocimiento de la igualdad femenina.
La época vio surgir tarjetas postales humorísticas en las que tradicionalmente aparecía una mujer dispuesta a proponer y un hombre aterrorizado, con el mensaje: “No tengas miedo”.
Para estimular y dar confianza a las mujeres, incluso una organización de apoyo a las parejas, Marriage Care, estableció una línea telefónica que funcionará durante todo el día. Habrá que ver cómo les va a las mujeres y también cuánto aumenta la venta de vestidos y guantes de seda.