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Ecología 
Aves Rapaces: Nuestro Patrimonio Natural
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El grupo de trabajo que monitorea nidos de águila harpía en Ecuador es liderado por Ruth Muñiz (centro), miembro de Simbioe (Quito).
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Por amor a los animales

Solo educándonos sobre estas bellas aves podremos salvarlas.

Lo están matando. El cóndor andino (Vultur gryphus), animal que siempre ha sido un símbolo de libertad, fuerza y valor, un ícono representativo de nuestro país, está en alto peligro de extinción. A esta formidable ave se le juntan a la lista de especies amenazadas otras que también son importantes para la ecología del país, como el águila harpía (Harpia harpya) y el águila andina (Oroaetus isidori).

En el pasado, el cóndor era un ave respetada y venerada por todas las comunidades indígenas, en especial por su  vuelo alto y majestuoso. Sus alas pueden llegar a tener hasta tres metros de envergadura y aprovechando las corrientes de aire caliente vuela hasta media hora sin aletear.

Con el tiempo, la población humana creció y la desinformación hizo pensar que esta noble ave representaba un peligro tanto para las personas como para el ganado. Sin embargo, por ser ave carroñera, es decir, que come animales muertos, esta rapaz no tiene fuerza suficiente en las patas para agarrar o matar a otros seres vivos.

Esta nube de ignorancia ha provocado que, incluso, ahora existan iniciativas para quitar al cóndor del escudo nacional.

Guerra injusta a un símbolo
El hombre “civilizado” comenzó a cazar y envenenar a la que es actualmente el ave voladora más grande del mundo. Sumado a eso, la deforestación, que provoca la rápida pérdida de su hábitat, y su baja tasa reproductiva de un huevo cada dos años han puesto al cóndor en una situación crítica que impacta en la ecología de los Andes. ¿La razón? El cóndor limpia el hábitat de animales muertos que pueden resultar dañinos para la salud de otros seres vivos.

Por suerte hay proyectos que buscan preservar las aves rapaces, como el Fortalecimiento del Censo Nacional del Cóndor Andino y el Programa de Conservación del Águila Harpía en Ecuador. Este último es financiado por la corporación colombiana Ecofondo y no solo busca monitorear a las águilas harpías, sino que también investiga a otras rapaces, como la rarísima águila andina.

Estas iniciativas buscan entender mejor la situación numérica de estas aves, para así investigar formas de ayudarlas, por ejemplo, a través del uso de rastreadores satelitales, algo que todavía falta en nuestro país.

En el 2001 apenas quedaban 70 ejemplares de cóndores andinos y ahora el número puede ser menor, lo cual es casi trágico porque se necesitan por lo menos 200 para tener probabilidades de que la especie sobreviva.

Dura realidad de otras rapaces
Ruth Muñiz, directora del programa para proteger a las harpías, dice que estimar el número de nidos de esa águila es muy difícil, porque si bien una pareja de esas aves en el Oriente puede cubrir hasta 5.000 hectáreas, su adaptabilidad a otros hábitats y la destrucción de estos hacen complicado un censo adecuado. A pesar de todo, Muñiz y su grupo de trabajo encontraron un nido de águila harpía en Esmeraldas, cuando ya se pensaba que no existía en la  Costa ecuatoriana.

Las águilas harpías ponen un huevo cada tres años y las probabilidades de que los polluelos lleguen a adultos son del 70%. Son las águilas más grandes del mundo, tienen las garras más largas y fuertes que las demás (doce centímetros), y se alimentan de mamíferos de tamaño medio como monos, osos perezosos y roedores que pueden ser perjudiciales para las cosechas. La harpía domina la cadena alimenticia, es decir, que ninguna especie las caza. Sin embargo, el humano ha provocado que tristemente, al igual que en el caso del cóndor, esta ave tenga cada vez menos espacio.

Muñiz enfatiza que para que el proceso de conservación de estas especies sea efectivo, se necesita la participación de todos y que haya más educación ambiental, para que la gente aprenda a apreciarlas y comprenda que no solamente son buenas para la ecología, sino que también constituyen el símbolo de nuestro espíritu ecuatoriano.

Fuentes: Ruth Muñiz López, Patricio Meza Salto, Paola Rodríguez y Luis Tonato Quiroga, miembros de Simbioe.


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