En España no hubo actos para recordar al autor de Platero y yo. En su patria adoptiva, Puerto Rico, se rememoró su vida y obra.
El cincuenta aniversario de la muerte del poeta Juan Ramón Jiménez se cumplió el pasado jueves, sin que sea recordado por ningún acto oficial en España. En Puerto Rico, donde pasó sus últimos años, hubo, en cambio, festejos. Para los académicos puertorriqueños, estudiosos de la obra del autor de Platero y yo, el legado de este poeta español está profundamente ligado al país caribeño.
Jiménez nació en Moguer, en la provincia andaluza de Huelva en 1881, y murió el 29 de mayo de 1958, en Puerto Rico. A ese país llegó con su esposa, Zenobia Camprubí, tras pasar por Cuba y Estados Unidos en un largo exilio que se inició a principios de 1939, cuando dejaron Madrid. Los vínculos familiares de Jiménez y Camprubí estaban relacionados con esta isla caribeña, ya que la abuela de esta era puertorriqueña.
Durante su estancia en Puerto Rico, Jiménez entabló amistad con los escritores boricuas y “ese contacto fue un agente proveedor de mayores horizontes para los poetas puertorriqueños”, señaló Carmen Dolores Hernández, miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.
Después de que, en enero de 1956, la Universidad de Maryland (Estados Unidos) presentara oficialmente la candidatura al Premio Nobel de Literatura, llegó a la isla el periodista sueco Olle Lindquist con la intención de entrevistar al poeta. Camprubí se hallaba moribunda cuando el periodista sueco acudió a visitarla y, consternado porque la noticia de la concesión del Nobel al esposo de esta, pudiera llegar demasiado tarde, llamó al director de su diario, quien contactó con el secretario de la Academia Sueca para explicar la situación.
El periodista sueco consiguió desde San Juan que le confirmaran, de modo extraoficial, la concesión del galardón y se lo comunicó a Camprubí. Por ello, Jiménez supo que le había sido concedido el Premio Nobel de Literatura de 1956 de la boca de su propia esposa, que permanecía ya postrada en una cama de hospital.
Unos días más tarde, el 25 de octubre, llegó la confirmación oficial, y el rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez, suspendió las clases y convocó un acto en honor del poeta español en la sala del teatro de la universidad, que fue abarrotada por más de 3.000 estudiantes.
Aquejado de problemas de salud y profundamente afligido por la muerte de su esposa, el día de la entrega del premio en Estocolmo, el 10 de diciembre, el escritor de Diario de un poeta recién casado delegó en Benítez la recepción del Nobel. Uno de los mayores legados que dejó Jiménez, a su muerte, fue la sala llamada Zenobia-Juan Ramón Jiménez, de la Biblioteca José M. Lázaro de la Universidad de Puerto Rico.
Esta sala alberga una gran colección de libros y muebles, así como el pergamino y la medalla de este Premio Nobel de Literatura de 1956. Cuenta también con cartas que poetas noveles puertorriqueños enviaron a Jiménez, así como libros y revistas que publicó el poeta español y que solo se exhiben en Puerto Rico.
Jiménez fue un autor muy prolífico. Escribió desde la adolescencia. Posee una obra muy amplia, pero en España, y posiblemente a causa de su exilio tras la Guerra Civil y de las instituciones oficiales de la época, que no eran muy proclives al poeta, prácticamente se lo conocía por ser el autor de Platero y yo y de los primeros romances sentimentales.
Un desconocimiento que se agravó por la falta de publicaciones y que desde hace varios años se intenta remediar con títulos que arrojan luz sobre él y desmienten algunos prejuicios y etiquetas sobre si era huraño, antipático, antisocial y poco amigo de la familia. Es el caso de Ellos, libro dedicado a su familia y a las afinidades elegidas, editado por José Antonio Expósito, que prepara ahora la publicación de las revistas que creó Jiménez.
El escritor padeció depresiones nerviosas durante toda su vida, y una gran debilidad física, además de una profunda hipersensibilidad que lo llevó a entrar y salir del hospital varias veces, en muchos casos por la nostalgia que tenía de su país y su familia, recuerda su sobrina nieta.
Recientemente fue publicado Juan Ramón Jiménez. Crónica de un Nobel, por Alfonso Alegre, que recoge el duro camino que tuvo que seguir el poeta hasta la obtención del Nobel. La editorial Visor sigue sacando los 48 libros con toda su obra, y también se ha publicado Leyenda, su gran proyecto poético. Además, se han conocido los poemas más eróticos y carnales escritos por el poeta antes de conocer a Camprubí, y acaba de salir a la calle un disco-libro con los poemas y canciones dedicados a su madre, una figura principal en su vida, con la voz de Chili Valverde.
BREVES
Obra más popular
Libro Platero y yo que se conserva en la sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico, en la que el autor dio clases.