Dos obsesiones definen a la República Dominicana: el beisbol y Haití. Ángel Luis Joseph, jardinero y buen bateador adolescente, está atrapado entre la devoción por lo primero y su desdén por lo segundo.
T antos jugadores de grandes ligas han emergido de la ciudad azucarera de San Pedro de Macorís, que los cazatalentos tienen la mira puesta hasta en pequeños jugadores con potencial. Ángel, de 17 años, era apenas un larguirucho alumno de primaria cuando su entrenador se dio cuenta de que mostraba todas las señales de un pelotero destacado. Pronto, relató, los Gigantes de San Francisco se presentaron con una oferta de 350.000 dólares.
Pero la política interfirió con su sueño. Para obtener su visa para Estados Unidos, Ángel solicitó una copia de su acta de nacimiento en una oficina de gobierno local. Ignoraba que el Gobierno dominicano acababa de tomar medidas enérgicas contra los hijos de inmigrantes haitianos, hasta aquellos que, como él, han pasado su vida entera en República Dominicana. La solicitud de Ángel fue rechazada, lo que llevó a los Gigantes a retirar su propuesta.
Sus padres emigraron de Haití a la República Dominicana en los 70 para trabajar en el campo. Sus hijos nacieron aquí, crecieron y se volvieron, por lo menos desde su punto de vista, dominicanos hechos y derechos.
Sin embargo, el Gobierno no está necesariamente de acuerdo y Ángel espera un dictamen en la apelación que entabló con el fin de tener acceso a su acta de nacimiento dominicana.
El problema tomó fuerza hace algunos años, cuando varios defensores demandaron al Gobierno ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para protestar contra la negativa de entregar actas de nacimiento a dos niños de padres haitianos.
En el 2004, mientras el caso se encontraba en proceso, el Gobierno modificó su ley migratoria donde excluye de todo derecho a la ciudadanía a los hijos de inmigrantes haitianos. La Constitución concede la nacionalidad a los nacidos en suelo dominicano, salvo a los hijos de diplomáticos y quienes se encuentran “en tránsito”. Durante mucho tiempo, eso ha significado que los hijos de inmigrantes obtenían la ciudadanía dominicana.
Luego de que el tribunal internacional fallara en contra del Gobierno dominicano en el 2005, la Suprema Corte dominicana dictó que se consideraba a los trabajadores haitianos “en tránsito” y, por lo mismo, que sus hijos eran haitianos.
El Gobierno alega que sus nuevas medidas constituyen un asunto de seguridad destinado a erradicar el fraude. Sin embargo, los opositores a la medida lo acusan de aplicar de forma retroactiva su ley del 2004, práctica que consideran ilegal.
“Se emplean las creencias racistas de algunos para desvirtuar nuestras leyes”, expresó Cristóbal Rodríguez Gómez, profesor dominicano de Derecho Constitucional en la Universidad Iberoamericana, que funge como abogado de otro descendiente de haitianos que carece de documentos.
Ángel parece tranquilo. Antes de un entrenamiento, relató que su madre no lograba conciliar el sueño después de que perdió el contrato. Pero podría tener otra oportunidad. Indicó que los Indios de Cleveland han visitado la choza que comparte con sus padres y siete hermanos.