Peor aún cuando te presentan al primo de tu ex compañera de colegio y también te chanta el beso en la mejilla… ¿A cuenta de qué cree que te puede besar si no es tu amigo?
Es realmente una política como de aparentar que somos cálidos y amigueros, esto de que los latinos no somos fríos… o puede ser también porque la dada de mano se desprestigió tanto al dar la paz a las tres filas circundantes en la misa que ya como que se gastó demasiado.
Lo cierto es que a una persona de circulación normal le toca besar promedio a unas diez personas con las que no tiene relación alguna… He ahí una estadística alarmante, luego nos preguntamos por qué a todos se nos pega la gripe o por qué la gente es conchuda, pero es que ¡la cercanía que les estamos dando los confunde!
Otro beso por compromiso es el que las mamás obligan a los hijos a darle a toda persona mayor que habla con ellos… nadie piensa en el pobre niño que tiene apenas 3 años y ve a esta persona desconocida, descomunalmente grande y ajena a su vida a la que él tiene que besarla por obligación… las madres dicen que si no aprenden desde chiquitos, van a ser malcriados toda la vida, pero ¿no será que deberíamos respetar su elección de no besar a un desconocido y aprender de ellos?
Peor aún es el beso que te toca darte con el fulano que es tu ex, que te lo encuentras con la esposa y los dos hijitos en el centro comercial cuando estás comprando un multiproducto para el pelo en tu mejor facha de sábado relax enchancletada… ¿Cómo no se le ocurre al señor seguir con su caminata familiar y ahorrarte el momento horrible en que la ‘señora’ te mira de pies a cabeza y los niños preguntan en tu cara quién eres?
El que te avergüenza enormemente es ese beso que terminas dándole a un tipo con el que estuviste en el bar anoche, que de entrada no te gustó, pero con el pasar de las horas y los tragos ya lo viste más o menos, y pues luego resultó ser simpatiquísimo y al final de la noche piensas que ¿por qué no?… El desenlace es un beso sin ganas al pie de tu carro, momento horriblísimo cuando te despiertas y te acuerdas del looser ilustre y lo que es peor aún, te enteras que es cuñado de alguien de tu oficina y todo el mundo se entera…
A la larga, digo yo, deberíamos ocuparnos de dar dos besos de verdad por cada uno de compromiso que damos, así le bajamos la cantidad a los indeseables y disfrutamos de esa muestra de cariño, quizás un tanto húmeda, o un poco cursi, que ablanda las piernas, estremece hasta el cuello, cura dolores, pasa tristezas y sella momentos… ¿a que no?