- MAY. 31, 2008 - Foto - Agropecuario - EL UNIVERSO
Los desafíos microbiológicos han estado ligados a la producción avícola desde su génesis, pero en los últimos tiempos los hemos visto incrementarse, tanto en número como en frecuencia de aparición, debido a que se encasetan más animales por m², los cambios medioambientales, la adaptabilidad de los microorganismos patógenos, entre otros factores.
La industria, en su afán de sobrevivir al ataque de estos patógenos, se vio obligada en principio al empleo de herramientas muy diversas, entre ellas los antibióticos.
La bioseguridad es una de las armas más valiosas en esta lucha, los avicultores cuentan ya con programas estrictos y con productos que ofrecen una potente acción antimicrobiana, seguridad para el personal que los aplica, que no son ningún riesgo para el consumidor y son amigables con el medio ambiente. Para darles un ejemplo puntual de sus beneficios, puedo citar que en la producción avícola existen temporadas críticas desde el punto de vista sanitario. Acabamos de pasar una de ellas, un invierno muy intenso que fue el más sano de los últimos años para las granjas nacionales. Esto puede tener varias causales, pero sin lugar a dudas una de las más importantes es que en la actualidad la gran mayoría de las empresas productoras trabajan con programas de bioseguridad bien aplicados en las distintas fases de la producción.
De un mito, la bioseguridad pasó a ser un instrumento para disminuir problemas, sin sacrificar calidad y rentabilidad.