Desde esta columna hemos defendido en reiteradas ocasiones el carácter público de la Federación Ecuatoriana de Fútbol.
Comenzando por la representación única y exclusiva de la República del Ecuador en torneos oficiales de fútbol en el mundo, como por el origen de sus ingresos, disfrazados de autogestión, como la comercialización de camisetas, venta de boletos, venta de derechos de televisión y publicidad, todo ello a base del uso monopólico de los colores de nuestra bandera y de la representación de los ecuatorianos.
¿Cómo así esta suerte de Federación “privada” tiene el derecho exclusivo de representarnos a los ecuatorianos? ¿Es que se convocó a alguna licitación? ¿Es que este grupo de dirigentes hizo la mejor oferta? ¿Cuánto recibe el Estado ecuatoriano a cambio de esa representación que le permite recaudar millones de dólares al año?
¿Cómo es posible que en una institución que se nutre de fondos recaudados a base de una representación nacional gratuita “acompañen” a la selección maletas viajeras que no tienen nada que ver con el equipo técnico o dirigencial?
¿Cómo es posible que un ciudadano (según recientes notas de prensa) viaje con la Selección sin ser dirigente, técnico o jugador y luego, con la visa obtenida a través de la Selección, goce de ese privilegio para hacer negocios artísticos privados, sobre todo cuando es público y notorio que el Presidente también se dedica a esa actividad, en sus tiempos libres…?
A todo esto, la respuesta de siempre es: “…la Federación rinde cuentas a su directorio…”.
¿Cuál directorio? ¿El que está conformado en su mayoría por clubes de segunda categoría, que no inciden en las recaudaciones ni en la venta de derechos de televisión, ni que aportan con jugadores a la Selección?
¿Un directorio formado en su mayoría por dirigentes de equipos que no juegan el torneo de primera categoría, ni Copa Sudamericana, ni Copa Libertadores y que solamente viajan al exterior acompañando a la selección cuando el Presidente tiene la gentileza de invitarlos?
Va a ser difícil que alguien ante tanta cortesía, desapruebe sus informes, o cuestione las “maletas viajeras” o no vote por su reelección, ¿no le parece, amigo lector?
Le explico: el presidente de la Federación lo elige el directorio que está formado por nueve miembros; agárrese de la silla, amigo lector: cinco nombrados por el fútbol profesional y cuatro por el amateur.
Es decir, el fútbol profesional que aporta el 100% del negocio y de la materia prima (los futbolistas) participa solamente en el 55% en las decisiones políticas de la Federación.
Pero para colmo, ese 55% no es real, porque a su vez, los cinco son nombrados por 39 miembros: 17 asociaciones, 12 de primera categoría y 10 de segunda categoría.
Es decir de 39, solo 12 son de primera categoría.
Y de las asociaciones, hoy, por ejemplo, solo seis tienen equipos en primera; es decir, los equipos de primera categoría y sus asociaciones representan 18 votos de 39; o sea que ¡entre amateurismo y segunda categoría dominan el 51% de los cinco puestos por el fútbol “profesional” y el 100% de los cuatro puestos del fútbol amateur…!
Por eso, la misma trinca seguirá viajando con la “Tricolor” hasta cuando se modifique este “candado” de poder que margina del control de la Federación, paradójicamente, a quienes lo hacen posible en el Ecuador: los equipos de primera categoría.