En Solca se impulsa plan para aumentar la autovaloración de los pacientes y aminorar prejuicios.
Sentados uno junto al otro comparten la habitación. El salón en forma de L está en silencio, algunos miran las fundas de sus sueros, otros tapan sus caras o se duermen.
La llegada de Amelia de Plaza, una de las voluntarias de Solca, los alegra. “¿Quién quiere arreglarse las uñas?”, pregunta la señora. Su público son los pacientes de cáncer que a diario reciben quimioterapia en la sala de la planta baja del edificio de la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer.
“¡Yo!”, dice con una sonrisa tímida Blanca Aldaz Vera, quien acomoda el cabello de su peluca que se le cae en el rostro.
El lunes pasado, Aldaz, de 39 años, viajó desde Babahoyo para su cuarta sesión del tratamiento que busca combatir un cáncer que le diagnosticaron en el seno izquierdo, cuando su hija Bianca tenía 7 meses.
Mientras Piedad Banguene acomoda un banquito para cortarle las uñas, Aldaz relata que un día de octubre pasado, cuando daba de lactar a su hija, descubrió que en vez de leche materna salía un líquido amarillo, y se descubrió la enfermedad.
Banguene es la única estilista con la que cuenta el pequeño gabinete de belleza del voluntariado que funciona junto con la cafetería y el bazar en un cuarto de 4 x 4 metros.
Cada semana, ella atiende entre diez y quince pacientes que quieren raparse la cabeza porque la mayoría del cabello se les ha caído por el tratamiento. Además se encarga de limpiar las uñas de quienes no pueden hacerlo. “Esto tengo que realizarlo con cuidado, porque si se hace una herida no les cicatriza fácilmente”, dice la mujer.
El gabinete surgió en el 2002, como idea de una de las voluntarias ya fallecida, Isabel Martínez de Manfredi. Por un tiempo estuvo inactivo, pero hace dos años resurgió.
Actualmente cuenta con 50 pelucas, pañuelos, al igual que con cosméticos y esmaltes de uñas que han sido donados por diferentes personas.
El objetivo de este programa que ahora lleva el nombre de su creadora es levantar la autoestima de las señoras que pierden el cabello y las cejas, para que no se sientan feas y tengan ganas de maquillarse y de verse bien, dice Plaza, quien sufrió el rechazo de las personas cuando padeció cáncer de mama.
Actualmente lleva el cabello muy corto porque le gusta ese look, afirma. Pero recuerda la ocasión en que visitó un centro comercial y no llevaba pañuelo en su cabeza, entonces una mujer al ver que no tenía cabello ni cejas armó un alboroto gritando que estaba enferma y alejándose de ella.
“Este programa es un homenaje a las mujeres que sufren esta enfermedad y que son abandonadas por sus esposos”, dice la señora de Plaza.
Esto es confirmado por la misma Aldaz, quien se entristece cuando refiere que es madre soltera, aunque enseguida recibe el estímulo de sus compañeros, quienes le dicen que debe decirlo con orgullo. “Hace un rato estaba llorando”, interviene Lenin, otro paciente, refiriéndose a Aldaz.
El hombre, con cáncer en los huesos, prefiere reservar su apellido porque ha mantenido con discreción su enfermedad. Afirma que “no quiere sentir la lástima ni el rechazo de nadie”. Y aunque antes de la visita estuvo callado, relata que a pesar de los estragos está feliz porque es su último tratamiento.
“Tienes que luchar por tu hija que recién tiene año y medio”, le dice la voluntaria a Blanca. “Pero es que duele”, responde la mujer, y vuelve a intervenir Lenin: “De algo malo se aprende algo bueno”, y agrega que él aprendió a nutrirse bien. “Antes solo comía hamburguesas, colas y frituras, ahora solo como frutas y vegetales”.
A esto Blanca responde que ya el nutricionista le regaló la agenda en la que le recomienda lo que debe comer a diario mientras siga con el tratamiento médico.
Las voluntarias esperan ahora la ayuda de la ciudadanía para ampliar el servicio a los pacientes. Necesitan más pelucas, aunque sean usadas, pues se las puede lavar; champú para mantenerlas limpias, cosméticos, entre otros artículos.
Ya cuentan con la participación de algunos estilistas que se han ofrecido para brindar, una vez por semana, charlas sobre maquillaje para disimular las manchas que surgen con la quimioterapia. Además se necesitará mobiliario para el nuevo local del plan, cuyo eslogan es “Tú bella y ellos sanos”, pues también se da servicio a los familiares de pacientes. El corte y el cepillado cuesta $ 5 y sirve para el fondo del gabinete.
TESTIMONIO: De paciente
Luisa Wong
EDAD: 45 años. Ella vive en la ciudadela El Recreo, del cantón Durán.
Estado Civil: casada y tiene dos hijos, de 18 y 6 años.
A Luisa le gusta su imagen
Para Luisa Wong quedarse sin cabello no le ha provocado ningún trauma, asegura que está consciente de que eso es parte del tratamiento que recibe cada 22 días desde hace seis meses cuando le diagnosticaron cáncer de mama. Ella llega a Solca con una cachucha negra. El lunes pasado aprovechó para cortarse el poco cabello que le quedaba y aunque andaba sin maquillaje afirma que sí le gusta verse bella. Al ver el servicio de peluquería se probó una peluca para ver si le agrada.
TEXTUAL: Opinión
Isidora Flores
Paciente de 68 años
“A mí me gusta estar siempre linda, yo acudo a charlas sobre imagen que nos da un laboratorio”.