Estuvo en Ecuador para presentar su libro El sentido de la vida o la vida sentida.
Xavier Guix, psicólogo español, desembocó en la escritura. Del consultorio y las charlas, pasó a los libros. Hasta ahora ha publicado seis, tres de ellos con el Grupo Editorial Norma. El último se titula El sentido de la vida o la vida sentida.
¿En qué género encasilla sus libros? ¿Se puede decir que son de autoayuda?
Si tuviera que ponerle una etiqueta, le pondría divulgación o reflexión psicológica. Sin embargo, es preciso decir que si un libro te ayuda –da igual que sea de narrativa o de poesía–, es un libro de autoayuda. De modo que para mí, cualquier buen libro es un libro de autoayuda. No me voy a rasgar las vestiduras porque pongan mis libros en las estanterías de autoayuda. Si eso sirve para que el mensaje llegue a más personas, no tengo problemas.
Se lo pregunto porque el consumo de los libros de autoayuda es privilegiado por un sector de la sociedad, pero asimismo denostado por otro.
Resulta que de la lista de libros más vendidos, la mitad por lo menos son de autoayuda. Y si eso pasa, alguna cosa tendrán, ¿verdad? Como sucede con cualquier otro texto, hay libros de autoayuda que son un desastre y libros de autoayuda muy buenos. Pero es el lector quien tiene que decidir.
¿Por qué escribir, para qué escribir y, sobre todo, para quién hacerlo? Cuando usted comenzó a escribir, ¿cuáles fueron los objetivos que se planteó?
Yo estaba dictando unos cursos de capacitación de temas de comunicación, que es mi especialidad psicológica, y a raíz de los cursos, una persona me hizo una invitación: ‘¿por qué no cuentas en un libro eso que cuentas en los cursos? Tengo una editorial y puedo preguntar si están interesados’. La editorial dijo ‘encantada’. Durante la elaboración del libro fui tan feliz, lo pasé tan bien, fue una experiencia tan intensa y productiva, que me di cuenta de que estaba haciendo algo que debía hacer.
¿El segundo libro fue ya por decisión propia?
Quise ver qué ocurría con el primero y funcionó bien. Tuve la sensación de que no solo lo disfrutaba yo, sino que los demás también. Entonces sigamos, me dije. Sigamos mientras yo lo disfrute y los demás también. El día que ya no haya ese encuentro, lo dejaré.
¿Cree que la gente necesita libros que guíen sus vidas? ¿Que les digan cómo vivirla?
La mayoría de las personas me celebran el haber ordenado el pensamiento, con lo cual sientes que estoy haciendo algo de utilidad. A veces, lo que para ti es muy sencillo de contar, para otro es muy difícil. La experiencia antecede al lenguaje. Todos vivimos experiencias, pero no sabemos cómo contarlas. Entonces, cuando te encuentras alguien que te cuenta eso, tú dices: ‘exacto, estoy pasando también por eso. Gracias porque le ha puesto palabras a algo que yo pensaba era muy complicado’.
En el libro El secreto se plantea la ley de la atracción. Usted habla también de esta en su libro. ¿Cómo la interpreta?
La ley de la atracción es más vieja que Matusalén. Es la ley universal o espiritual que ha existido toda la vida. Lo expongo así: cuando pienso, genero una energía. Esa energía se transforma en estados internos, positivos o negativos. Ese estado en el que estoy, es con el que voy vibrando. Los demás reciben esas ondas, así como se reciben las ondas hertzianas, que nadie las discute y, en cambio, discutimos y nos parece mentira que podamos transmitir ondas, pero es así. Cuando entro a un lugar, recibo o emito esa energía, y me siento bien o mal. Transmitimos constantemente estados y los demás lo reciben. Ese estado es como un imán, que atrae hacia sí los mismos estados. Esa es la ley de la atracción. Otra ley es la de la atención: dónde se pone la atención. Y eso donde he puesto la atención lo atraigo hacia mí, a través de mis vibraciones. Ocurre a menudo que no atraigo eso a lo que le he puesto la intención. Es cuando uno tiene que preguntarse: ¿Qué estoy haciendo mal para que a mi vida llegue todo lo contrario que deseo? Seguramente me voy a dar cuenta de que allí hay un inconsciente que no me deja conseguir todo aquello que yo deseo. Por tanto, si no quieres eso, cambia tu forma de pensar y de sentir.