miércoles 28 de mayo del 2008 Columnistas

Junio y julio

De repente, ciertos días o meses adquieren protagonismo; presiento que hasta fines de julio están por ocurrir eventos significativos para el futuro del Ecuador. Vale la pena esbozar algunas “predicciones” para examinarlas, descubrir razones, evitar perjuicios y prejuicios y obrar sensatamente cuando todavía estamos a tiempo; junio y julio del presente año son meses decisivos para la democracia ecuatoriana. Con este preámbulo, algunas aseveraciones y “predicciones”:

- El enjambre de alegres y bulliciosos asambleístas –junto a voces maduras, capaces y responsables– que trabaja en Montecristi para su reina (la nueva Constitución), parece que olvidó su compromiso  con el país; a brazo partido lucha apuradamente para imponer criterios y dibujar normas, algunas necesarias, otras exóticas; unas indispensables, otras trasnochadas; de avanzada algunas, otras llenas de ambigüedades propicias para gobernar al filo de las leyes, como hoy se lo hace abiertamente con el silencio cómplice de quienes padecen de afonía cívica endémica.

- Con malicia rayana en ofensa a la inteligencia se azuza a trabajadores informales mediante discursos que abren enormes expectativas para invadir las ciudades en busca del pan para sus hogares; acto seguido, “en corto”, se dice que ese trabajo tiene que estar ceñido a las leyes y otras regulaciones. El mal está hecho y sentenciado oficialmente: “el hambre está por sobre las ordenanzas”. Magister dixit.

- La Constitución no puede contener buenos deseos, redacciones líricas, eslóganes de campaña, frases de impacto, misceláneas y florilegios, sueños y utopías de una noche de verano. Los ecuatorianos sensatos somos mayoría; pobres y ricos gozamos de cordura; trabajadores y desempleados buscamos un Ecuador mejor; jóvenes y viejos anhelamos transformaciones para una convivencia más justa, más equitativa, más humana y cristiana, todo esto es verdad, amigas y amigos de EL UNIVERSO. Es por esto que necesitamos una Constitución que dibuje un Ecuador renovado, con nuevos horizontes, con respeto para las libertades básicas de todo ser humano; esto no se puede conseguir si las calenturas y entusiasmos de ciertos noveles legisladores buscan imponer sus caprichos y los mandatos de su “majestad”.

- Se dice que “la prisa es mala consejera”. Una Constitución construida con prisa, en medio de torbellinos y vendavales, bien puede ser usada para negar todo lo actuado en Montecristi, no porque el pueblo esté necesariamente en contra del Presidente de la República, sino porque empieza a entender que no debe aprobar leyes y normas que mañana terminarán ahorcándolo. Lucidez, patriotismo y respeto a nuestra idiosincrasia debe respirar la nueva Carta Magna.

- En junio y julio, amigas y amigos, debemos dormir con un ojo abierto. Nos pueden robar la paz y fraternidad nacionales. Podemos sucumbir ante la vorágine de acontecimientos. Enjuiciémoslos, valorémoslos. La vigencia o repudio de la nueva Constitución serán posibles solamente con nuestro voto. Empecemos a rechazar con argumentos las falacias contenidas, por ejemplo, en las disposiciones laborales recientes que ya tienen a gente en la desocupación y que originan el caos a tantas actividades que nacieron en una justa y saludable flexibilización laboral. La falta de controles exige más controles. Abolir las normas para cosechar aplausos es un atajo demagógico.
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