Optimismo y, a la vez, dudas para un posible acuerdo se dan luego de morir Manuel Marulanda.
Los cambios en la cúpula de la guerrilla de las FARC, tras la muerte de su fundador y máximo líder, Manuel Marulanda, podrían llevar al grupo rebelde a una negociación de paz con el Gobierno colombiano y a liberar a rehenes, opinaron políticos y analistas.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia anunciaron el pasado domingo que Marulanda, de 78 años, murió el 26 de marzo por un ataque al corazón y en su reemplazo nombraron a Alfonso Cano, ideólogo del sector político de la guerrilla y negociador en diálogos de paz en los años 90.
“Debe ser una señal de que la parte política de las FARC pueda de verdad, de una vez por todas, entender que es a través de una solución política negociada como podemos hacer la paz”, dijo el ex presidente Andrés Pastrana, quien intentó hacer la paz con ese grupo en una fallida negociación que se inició en 1999 y colapsó el 2002.
Según el Gobierno colombiano, Marulanda, el mítico guerrillero que lideró al grupo rebelde durante más de cuatro décadas, tenía una visión arcaica del país y del mundo, con unas doctrinas ideológicas que le impedían hacer la paz a través de una negociación porque la consideraba como una derrota militar de sus principios.
Mientras que Marulanda, considerado el guerrillero más antiguo del mundo, era una persona de origen campesino y sin educación, su sucesor, de 52 años, es visto como un intelectual con formación universitaria y una visión actualizada de la realidad mundial.
“La muerte de Marulanda es una oportunidad para que las FARC se sienten a negociar con el Gobierno colombiano, se sienten a negociar con el Estado colombiano”, dijo la senadora de derecha Marta Lucía Ramírez. Pero, antes de la paz, un proceso que podría ser complejo y lento, Cano tendrá que hacer frente al tema del acuerdo humanitario para liberar a 40 rehenes políticos, incluida la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt y tres estadounidenses, según analistas.
Las FARC buscan un acuerdo con el Gobierno para intercambiar a los rehenes por 500 guerrilleros presos, pero el presidente Álvaro Uribe, quien con apoyo de EE.UU. impulsa ataques a los rebeldes, se niega a retirar al Ejército para crear un área segura de negociación como exigen los insurgentes.
“Es factible que con la llegada de Cano se privilegie más lo político y busquen una salida negociada, pero eso no significa que vayan a ser débiles a la hora de negociar”, dijo el analista político Pedro Medellín.
Carlos Lozano, director del semanario Voz, del Partido Comunista colombiano, dijo que “su naturaleza de guerrilla clandestina y hermetismo hace difícil prever (futuras acciones); es como una adivinanza”.
Agregó que de lo que estaría más seguro es de descartar que la muerte de Marulanda signifique que esa guerrilla se desmovilice, entregando sus armas, o se siente en una mesa de negociación de paz a corto plazo, incluso, si mueren otros miembros de la jefatura rebelde o se entreguen a las autoridades rangos medios y bajos, como ha sucedido los últimos meses.
Adam Isacson, del Centro para Política Internacional, en Washington, refirió tres escenarios: la desintegración, una mayor cohesión o una fragmentación parcial.
Estima que puede ocurrir una lucha interna de poderes entre las alas política y militar, que fue la que en los 90 logró mayores victorias sobre el Ejército colombiano.