Tener empleados rendidores; tener cada vez más empleados que rindan cada vez más; hacerse de la vista gorda ante sus derechos, eludiendo el pago de su afiliación al Seguro Social; darse modos para que las autoridades pasen de largo ante nuestras codiciosas artimañas ¡y ya estamos en el país de jauja! O tal vez no en el país sino en ciertas provincias y ciudades de jauja. Si no, echemos un vistazo a los datos del Observatorio de la Política Fiscal, (
www.observatoriofiscal.org) boletín 55, respecto a los afiliados al Seguro Social Ecuatoriano.
Nuestros afiliados suman 1’568.950, con 74% del sector privado, 23% de empleados públicos, y 3% del seguro campesino y voluntario.
Si analizamos estas cifras globales aparece en toda su gracia nuestra jauja. Dada la cantidad de habitantes por provincia, es en Guayas donde debería haber el mayor número de afiliados, y luego en Pichincha. Solo que la cruda realidad es otra.
Redondeando las cifras, en Guayas los cotizantes son 399 mil, de los cuales 342 mil son empleados privados, mientras los públicos suman 57 mil. En Pichincha los cotizantes son 624 mil, de los cuales los privados son 520 mil, mientras los públicos son 104 mil. En buen romance esto quiere decir que el sector privado en Pichincha cotiza sobre el 50% más que Guayas.
Ahora, echemos un vistazo a Guayaquil y Quito. En Guayaquil cotizan 306 mil del sector privado; en Quito, 475 mil. De nuevo, esto quiere decir que Quito cotiza sobre el 50% más que Guayaquil.
Como se ve, en Guayas y Guayaquil hay un número significativamente menor de afiliados al IESS, siendo así que Guayas y Guayaquil tienen más población y bastante mayor movimiento económico, tanto comercial como industrial. Pero estar en jauja significa estar en tierra de abundancia: allí puede haber legiones de “tercerizados” que no aportan al IESS; allí, con la ciudad más rica y emprendedora en lo económico, el sector privado no es el primero en cotizantes al IESS.
De pasada, echemos otro vistazo a los datos de Azuay, que tiene 65 mil afiliados del sector privado, y Manabí 44 mil, siendo así que Manabí duplica en población a Azuay, y posee mayores fuentes productivas en agricultura, exportación y productos de consumo nacional. Así también Tungurahua y Ambato, con menor población que las anteriores, y sin embargo, valiente ironía, el número de sus aportantes es, en proporción, más alta que los de Guayas o Azuay.
Con todo y esto, ¿no extrañaría mucho que en el país de jauja los más ricos y que no afilien a sus trabajadores, coticen menos que los otros y que acaso ocurra lo mismo con el pago del impuesto a la renta? ¿Nos extrañaría mucho en cambio, que estas flagrantes inequidades escaparan a los ojos de las autoridades pese a que saltan a la vista entre los datos del Observatorio de la Política Fiscal?