martes 27 de mayo del 2008 Columnistas

V Cumbre

En la actual coyuntura mundial, la Unión Europea tiene claro los escenarios económicos y políticos y sus intereses estratégicos. Como bloque, todo lo que  diga o haga en política exterior se ajusta a los requerimientos del más grande organismo regional del planeta y de los países que lo integran.

Respecto a América Latina y el Caribe sabe que por largo tiempo hemos sido el traspatio de Estados Unidos de Norteamérica, condición que sus sectores más conservadores y de vocación imperial aspiran a recuperar, por lo cual no será fácil crear una zona eurolatinoamericana de libre comercio para el año 2010, establecida como meta en la anterior Cumbre de Viena.

Los objetivos de la V Cumbre celebrada en Lima se inscriben en este orden de análisis. En medio de la actual crisis alimentaría y de energía, la Unión necesita garantizar a su población alimentos y combustible de los cuales América Latina y el Caribe son apreciable fuente por la abundancia de sus recursos naturales.

Ayudar a mitigar la pobreza como causa de desigualdad y exclusión, mediante políticas de cooperación, seguirá siendo parte de la agenda de la Unión, para América Latina y el Caribe, si quiere alcanzar los objetivos anteriores y frenar la migración que es fuente de conflictos internos en estados miembros como  Francia, Italia y España y que amenaza deteriorar las relaciones con países de nuestro continente.

De este lado del Atlántico los bloques regionales mantienen desiguales niveles de desarrollo. El Cafta asegura la presencia norteamericana en el bloque centroamericano, con excepción de Nicaragua, sin que la vigencia de este garantice mejores días para los pueblos de esta región. Como contrapeso, demandan se impulse con mayor rapidez los Acuerdos con la Unión Europea.

Las distancias entre la Comunidad Andina de Naciones y el Mercado Común del Sur son cada vez más pronunciadas. El sur no solo que también existe sino que goza de buena salud. Brasil además de ser un gigante en recursos naturales ahora es considerado uno de los nuevos motores de la economía mundial donde se espera pueda balancear adecuadamente la equidad con la competitividad. Los demás países del Mercosur, con menor peso, acumulan las ventajas que les proporciona la actual coyuntura y están en condiciones de negociar con firmeza y sin prisa en temas como aranceles agrícolas e industriales.

La CAN funciona a nivel de mercados pero en lo político-institucional su debilitamiento ha sido progresivo en la medida que se han incrementado las diferencias  ideológico-políticas de los gobiernos. La salida de Venezuela, la permanencia a medias de Bolivia, la suscripción de Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos de Norteamérica por parte de Perú y Colombia, la negativa del Ecuador a suscribirlo y, el conflicto a raíz del ataque del 1 de marzo al campamento de las FARC en territorio ecuatoriano han marcado distancias que parecen difíciles de acortar en breve plazo.

El panorama se agrava si se inicia una carrera armamentista en la región, si se posicionan los conflictos de frontera como eje de la diplomacia y se concreta la anunciada presencia de la IV flota estadounidense para controlar el narcotráfico y el terrorismo.

En este contexto, sin un diálogo sincero y a fondo entre sus países miembros, la CAN  tiene pocas posibilidades de ser un interlocutor de peso con la Unión Europea.
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