Muchas veces el deporte es una caja de sorpresas. Sobreponiéndose a un reventón en un neumático Lewis Hamilton dominó a sus rivales y ganó con amplitud el Gran Premio de Mónaco de F1.
El calificativo que se podría dar a muchos sucesos y resultados deportivos es ese: inesperados. Pero no hay que sorprenderse si lo que creemos seguro se torna lo contrario. Podemos tomar como referencia lo ocurrido hace varios meses y también años, y lo sucedido en los últimos días.
Por ejemplo: en 1950, contra todo pronóstico Uruguay le gana el campeonato mundial de fútbol a Brasil, en el mismísimo estadio Maracaná de Río de Janeiro. En 1954 el maravilloso equipo húngaro perdió la final ante alemanes. En 1936 el alemán Max Schmeling noqueó a Joe Louis y en la revancha, dos años después, el Bombardero de Detroit le devolvió el resultado a la Maravilla Aria. En 1938, cuatro ecuatorianos, apodados Los Mosqueteros del Guayas se bastaron para ganar el sudamericano de natación, en Lima.
En tenis, Ecuador eliminó a Estados Unidos en una fase de la Copa Davis de 1967 y 23 años más tarde, en Roland Garros, Andrés Gómez derrotó al favorito André Agassi en la final del Abierto de Francia.
También ocurren cosas inesperadas en el béisbol. En el 2004, a un inning de la eliminación los Medias Rojas de Boston le ganaron cuatro partidos seguidos a los Yankees de Nueva y fueron a la Serie Mundial, donde liquidaron en cuatro juegos a los Cardenales de San Luis, que tenían el mejor récord ese año. Y así hay para contar, pero no creo sorprendente lo ocurrido recientemente en el gran mundo deportivo.
Un buen día le preguntaron al piloto inglés (23 años) Lewis Hamilton sobre sus posibilidades en el Gran Premio de Mónaco de la Fórmula Uno, y él contestó: “Estoy totalmente concentrado en lo que va a suceder y en mi forma de actuar”. Y el domingo pasado, sobreponiéndose a un reventón en un neumático dominó a sus rivales y ganó con amplitud en las calles de Montecarlo.
El miércoles anterior, tres estrellas del fútbol mundial, Cristiano Ronaldo, John Terry y Nicolás Anelka fallaron en la ejecución de tiros penales cuando se disputaba el juego final de la Liga de Campeones. Y en las finales de Conferencia de la NBA, los Celtics de Boston perdieron en su casa, pero ganaron como visitantes a los Pistons de Detroit. Mientras que en el Oeste los Lakers se recuperaron de una desventaja de 20 puntos y le ganan a los Spurs. Dos días después los derrotaron contundentemente y dos días más tarde pierden también contundentemente.
Pero a veces se da lo esperado. En la Indianápolis Racing League el neocelandés Scott Dixon ganó la posición número uno en el orden de partida y más tarde triunfó en las 500 Millas de Indianápolis. Se supo que la escudería Target Ganassi Racing, por la cual está contratado, elaboró y desarrolló un plan de competencia para esta prueba desde diciembre pasado.
Muchas veces el deporte se convierte en una caja de sorpresas, porque se dan resultados inesperados y es que nos olvidamos que cuando se llega a un momento culminante no existe rival pequeño, y que si bien no es seguro que “querer es poder”, sí podemos asumir que el tesón y el orgullo se juntan para derrotar a lo que consideramos lógico.
Como conclusión solamente queda decir: el deporte es maravilloso.