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LUNES | 26 de mayo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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El público irrespeta las señalizaciones
Sería muy interesante conocer los valores a los que asciende la inversión, tanto del Municipio de Guayaquil como de la  CTG (Comisión de Tránsito del Guayas),  en la señalización de calles y las diversas normas de tránsito.

Es un gran porcentaje y, con toda seguridad, un dinero botado a la basura.
Una zona regenerada o una calle asfaltada con estas señalizaciones se ve muy bonita, pero en el fondo nadie le hace caso.

Nuestra educación vial es paupérrima. Es más, en presencia de vigilantes de tránsito, conductores de vehículos livianos y de transporte público en general infringen la ley de tránsito y la “vista gorda” es la que reina.
¿Qué hacer? Buena pregunta, pero se inició una campaña por parte de la CTG para llamar la atención al infractor. La famosa tarjeta roja se puso de moda; yo la utilicé contra un vigilante que pasó de un carril a otro en su moto provocando que yo frenara bruscamente, y al llamarle la atención mostrándole la tarjeta roja intentó regañarme, por lo que le contesté con mucha autoridad, bajándole la guardia falsa con la que intentaba tapar su falta. Esto pasa todos los días.

Pregunto a la CTG: ¿existe un reglamento para los carros blindados que se parquean en doble fila, interrumpen el trafico de  modo ilógico y aumentan su velocidad poniendo en peligro a los transeúntes?

Fernando Villacís Guevara,
Guayaquil
Asunto de guerrilla

El Presidente, al igual que sus ministros y asambleístas, creen que están gobernando un país de personas a las que pueden convencer fácilmente con falsedades. Me explico con los siguientes ejemplos:

Quieren hacernos creer que las famosas señoritas encontradas en el campamento instalado por las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en la selva ecuatoriana eran víctimas, ciudadanas honorables que lo único que quería saber, una, era cómo es la vida de un guerrillero, y que las otras eran empleadas (seguramente remuneradas de alguna forma).

Que no se sabe ni cómo esas mujeres llegaron, porque a nuestro Ejército –al cual el Presidente le tira de las orejas cada vez que cree– se le hace muy difícil llegar a estos campamentos.

Que fueron llevadas a Quito a un hospital y tratadas a cuerpo de reinas, visitadas por un ministro como si fueran diplomáticas, haciéndose cargo nuestro Gobierno de las cirugías que les hicieron y de las prótesis que les pusieron bastante caras.

Que ellas fueron cuidadas por nuestros policías para que nadie  ose molestarlas con interrogatorios malsanos e impertinentes.

Que nuestro Presidente nunca supo ni cómo se fueron ellas del país, porque nuestra justicia nunca les puso una orden de arraigo o comenzó una investigación en su debida forma; aunque lo correcto hubiera sido deportarlas a sus países de origen una vez que recibieron los primeros auxilios, para que en sus tierras sí sean correctamente investigadas, algo que no pudimos hacer nosotros.

Y como piensan que nosotros somos ingenuos, pretenden hacernos creer que todo está bien, que aquí no ha pasado absolutamente nada.
La Asamblea Nacional Constituyente –en su mayoría necesita que cada vez y cuando vaya el Presidente a darles su estate quieto– hace leyes y mandatos para ciudadanos a los que quieren hacer creer que dándoles “luz verde” para que las calles de las ciudades sean tomadas por los vendedores ambulantes les solucionarán el problema que ellos crearon al eliminar el trabajo por horas, las tercerizadoras y los medios tiempos de trabajo; porque saben que esta medida nos va a llevar a un mayor desempleo, cuando la solución era hacer leyes para reactivar nuestra economía, no para terminar de hundirla.

Y como están empeñados que la nueva Constitución o Carta Magna gane en el próximo referéndum  quieren que este país, que no es de ingenuos, vote por ellos.

Marcela Yépez Intriago,
doctora, Guayaquil

El Ecuador ha sido un país muy respetuoso en relación con sus vecinos, jamás ha intervenido ni por casualidad en las decisiones políticas, sociales ni económicas de estos. Cuando el Ecuador ha participado, lo ha hecho por solidaridad frente a desastres naturales o delictivos, ofreciendo su contingente y ayuda material y económica. Sin interés alguno que no sea mas allá de la solidaridad.

Pero, desgraciadamente, con mi país no han sido recíprocos.
Durante cincuenta años tuvimos un conflicto internacional con el vecino país del sur. Para solucionar ese problema se nombraron cuatro naciones garantes que nunca nos garantizaron nada. Finalmente ganamos la guerra pero, asimismo, perdimos territorio.

¿A quién culpamos?, ¿a políticos, a militares? Cosa muy difícil de explicar. No lo sé.

Los garantes nos ofrecieron “el oro y el moro” para que aceptáramos la imposición de resignar territorio a cambio de 1 kilómetro cuadrado dentro del territorio peruano, además de la pérdida del reconocimiento histórico de “Ecuador, país amazónico”.

Hasta hoy no me explico por qué el alto mando militar no hizo nada por defender su victoria, como sí lo han hecho muchas veces en conflictos internos como garantes de la Constitución y del territorio nacional.
Por eso coincido con el criterio del hoy Ministro de Defensa Nacional, si es que aún lo conserva.

Los setenta años transcurridos en mi vida han formado en mí un criterio muy claro de lo ocurrido en estos tiempos.

No me asombra que en los actuales momentos salga un seudodefensor con marcado conflicto de personalidad interviniendo en la política nacional. Nadie lo ha invitado, y menos para que en tono displicente se dispare contra Guayaquil que fue la fragua de Vulcano y forjadora de la Independencia de Ecuador, que nunca ha dejado de ser de todos.

Señor teniente coronel, sabemos que como militar fue preparado para mandar en los cuarteles, y esa será su profesi

Asunto de guerrilla II

La popularidad del presidente Uribe, según encuestadoras colombianas, bajó en el último trimestre. Sin embargo, tuvo un repunte después del bombardeo al territorio ecuatoriano y la consecuente muerte del número dos de las FARC, Raúl Reyes.

Esa es la premisa principal para que el Mandatario del vecino país mantenga una abierta pelea diplomática con nuestra nación.

En Colombia se asegura que Uribe sabe defenderse como buen gallo de pelea. La revista Semana de Bogotá, del 13 octubre del 2007, reseña la forma en que su presidente desató una polvareda impresionante cuando fustigó a los magistrados de la Suprema Corte, cuando se le acusaba de que tenía nexos con la parapolítica. Según el mismo medio, en esa oportunidad también se enemistó con su propio Vicepresidente y “le dio un codazo al periódico El Tiempo”, rotativo que lo apoyó abiertamente en el conflicto desatado con Quito.

Todo ello, según él, fue para limpiar su honra y defenderse de críticas que consideraba injustas. La misma estrategia usa contra Ecuador:
desprestigia, da un golpe, luego otro, se inventa estadísticas para indicar –entre otras cosas– que el Gobierno tiene vínculos con las FARC y otros asuntos que desprestigian a las Fuerzas Armadas.

Sucede   que Uribe ahora tiene múltiples problemas que no puede afrontar. Lo persiguen los fantasmas de los posibles vínculos de uno de sus primos con los paramilitares, y de que no puede acabar con uno de los males con el que ha tenido que lidiar por más de 50 años: los grupos insurgentes.

Diego Merizalde Guerra,
Guayaquil

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