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Edición del DOMINGO 25 de Mayo del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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La tercera película de un pintor
Los cautiverios de Julian Schnabel
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La escafandra y la mariposa: el actor Mathieu Amalric interpreta al sobreviviente de un derrame cerebral que lo deja totalmente inmóvil, acompañado de Anne Consigny, que personifica a su terapeuta.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

La escafandra y la mariposa obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el año pasado. Es una experiencia cinematográfica imborrable.

“Decidí no seguir teniéndome lástima. Además de mi único ojo, solo tenía dos elementos más que no estaban paralizados: mi imaginación y mi memoria”. Esto lo escribió Jean Dominique Bauby en su libro autobiográfico La escafandra y la mariposa, y la película que el director Julian Schnabel ha realizado captura el imposible texto de un hombre atrofiado por un derrame cerebral. Este es uno de esos milagros del cine moderno, cuando vemos en pantalla la proyección de lo que parece el alma de un ser humano.

Schnabel es uno de esos gigantes del escenario de las artes plásticas de la Nueva York de hoy, que al igual que Andy Warhol –uno de sus padrinos espirituales– entró también al cine con propuestas muy personales que mucho tienen que ver con los encierros particulares de los creadores, y también sus procesos. En Basquiat (1996) nos sumergió en la adicción que consume la vida de Jean Michel Basquiat, un artista neoyorquino de grafitos que pasó como estrella fugaz. En el 2000 adaptó al cine Antes de medianoche, autobiografía del poeta cubano Reynaldo Arenas. Allí el cautiverio consistía en la siniestra represión política de la Cuba de Fidel Castro.

Esas vidas escondidas en atroces dramas personales obsesionan a Schnabel, no por las tragedias y los infiernos que sus héroes atraviesan, sino por lo que hace grande finalmente a todo artista: las obras que nos dejan. El libro de Bauby debió  engancharlo porque allí se dramatiza el conflicto primigenio de la creación artística hasta sus últimas consecuencias. Bauby era un exitoso editor parisino de la revista Elle, hasta que todo se derrumba en un segundo. El derrame lo tiene en coma varios días y lo que viene después se lo comunican los doctores con miradas lacónicas: él tiene el "síndrome del cautiverio". Bauby percibe, escucha y ve el mundo a su alrededor, pero solo puede pestañear con uno de sus ojos. Está totalmente inmóvil. Como si estuviera sumergido dentro de una escafandra.

El milagro cinematográfico son los primeros treinta minutos del filme. Utilizando los textos de Bauby (el magnífico actor Mathieu Amalric, en la película), adaptados por el guionista Ronald Harwood, estamos dentro de su cerebro y la cámara es el ojo que pestañea y que observa a las enfermeras y doctores. Podemos escucharlos y oímos la voz interna de Bauby que ellos no escuchan, pero que él traspasó a Claude (Anne Consigny), la excepcional terapeuta que le lee diariamente el abecedario. Un pestañeo por la letra seleccionada es 'sí', dos son 'no'. Así surge el libro de su vida.

Visualizar esto requiere un temple creativo único. Schnabel lo tiene porque él parece también estar metido en la escafandra, donde al igual que Bauby es un artista siempre movido por las mariposas, que son la imaginación y los recuerdos. La vida de Bauby se mezcla con la de su esposa (Emanuelle Seigner, pareja de Roman Polanski), con sus hijos, con sus romances y con el padre (Max von Sydow) que idolatra. Aquí el director de fotografía, Januzs Kaminski, hace maravillas, iluminándolo todo con flashes que siguen a su voz, donde a veces entran las fantasías.

La escafandra y la mariposa a veces luce como la película de un hipnotizador. Nos movemos en corrientes de imágenes que se pueden cortar cada segundo, como cuando estamos dentro de nuestros propios pensamientos. Y está el humor: tan francés, tan sardónico, tan penetrante. Aquí Bauby jamás será una víctima y nunca sufriremos con él. Es por eso que Schnabel lo libera y lo celebra en su prodigiosa película.


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