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Edición del DOMINGO 25 de Mayo del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Los mejores manjares del mundo
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Si algún día se les antoja conocer la boutique departamental más grande de Europa en lo que se refiere a delicatessen, la tienda alemana Ka De We se halla en Berlín. Agárrense, pues  las cifras son escalofriantes”.

La pregunta en sí es absurda, pues la contestación depende  del gusto individual, del país donde se vive. Es posible que un ecuatoriano prefiera una sabrosa guatita al pato con naranja. Personalmente  creo que la gama de los cebiches es  incomparable. Sin embargo, a veces por su precio elevado, por esnobismo, pero también porque se  trata de creaciones fabulosas, se hace una lista de lo más apetecido, de los platos internacionales más famosos o populares.

No soy muy adicto al caviar pero se lo considera como el top en materia de sofisticación gastronómica. De las tres variedades, beluga, sevruga, oscieta, el beluga es el más caro: alrededor de $ 3.400 el kilo. Tienen que ser huevas de esturión, de lo contrario no puede llamarse caviar sino huevas (de salmón, erizo, lumpo, caracol). Combina bien con vodka helado, champán.

El paté de hígado de ganso (fuagrás) trufado o no también es famoso. Las trufas blancas o negras tienen un aroma extraordinario, pero cuestan la friolera de $ 3.500 el kilo. Claro está, un paté incluye un ínfimo porcentaje. El delicioso salmón ahumado tiene un precio más abordable y justa fama.

Si algún día se les antoja conocer la boutique departamental más grande de Europa en lo que se refiere a delicatessen, la tienda alemana Ka De We se halla en Berlín. Agárrense, pues  las cifras son escalofriantes. Les propondrán 1.300 quesos diferentes, 1.200 tipos de salchichas, surtido de 400 panes, 2.400 vinos, distintas variedades de jamones del mundo entero, hasta de venado o jabalí.

La sección de embutidos tiene diversas secciones: salchichas, salami. Los aficionados al whisky o al coñac encuentran las botellas colocadas en orden cronológico, pudiendo usted escoger la cosecha que deseen desde el año 1940. Detrás de una celosía formada por cilindros de barro se ocultan botellas raras por un valor total de $ 1,5 millones. Claro que un ejemplar de  1804, año en que Napoleón se coronó emperador, puede llegar a costar más de $ 30 mil y las compran los millonarios. Pero también allí podrán hallar frijoles de Senegal, champiñones de Marruecos, ostiones de Bretaña, carne de Argentina o la famosa Omaha de Estados Unidos, productos de Cuba, China, Japón, entre tantos países.

Todos conocemos por su nombre, no siempre bien escrito, los platos más celebrados del planeta: el pato laqueado de Beijing, el cuscús marroquí, el asado de cordero, las crêpes Suzette, el pollo cordon bleu, los tournedos Rossini, la sopa de cebolla gratinada, el pato a la naranja, los escargots en salsa de ajo, los enrollados vietnamitas, las múltiples delicias chinas o japonesas, la quiche de Lorena, el choucroute alemán, las angulas en salsa verde de Bélgica, el osso buco, las pastas y los rizottos. Tendríamos que dar la vuelta al planeta para descubrir más y más maravillas.

El Gran Reserva Joselito, verdadera obra de arte, puede ser el mejor jamón del mundo, lo que no nos impide saborear el inefable San Daniele, el jamón de Westfalia. En todo caso, el origen de los platos, por muy elaborados que sean, por muy sutiles o muy caros que sean, está en la cocina familiar. Es el único lugar donde puede renacer la cocina lenta de amorosa paciencia, donde suele conservarse la tradición siglo tras siglo.

La aparición del ketchup fue una bofetada para la verdadera salsa de tomate cocinada con sutileza. Las mayonesas elaboradas industrialmente nos hablan de aceite de soya, conservantes cálcicos disódicos, concentrado de cebollas secas, cuando cualquier ama de casa sabe que basta tener una yema de huevo, un buen aceite, mostaza, limón o vinagre para volver a lo natural. Una verdadera mayonesa es amarilla, jamás blanca. Para un gourmet, añadir ketchup a una  mayonesa es un sacrilegio. Depende de nosotros que los mejores manjares del mundo sigan siendo genuinos o que caigamos en las infames mezclas que impulsó la comida chatarra.


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