Pese a las limitaciones que tiene para caminar y hablar, Liliana Román -de 20 años- se ha convertido en una singular maestra. Su pasión es ayudar a otros chicos con discapacidades para que aprendan a leer y contar.
A ver... “Si tengo cinco dedos y le quito dos, ¿cuántos me quedan?” A ritmo lento pero con fuerza, la maestra pregunta a una veintena de adolescentes reunidos en un aula del Centro de Protección para Discapacitados (Ceprodi). Y sin perder tiempo, casi al unísono, los chicos responden con un grito: “¡Tres!”.
Es la interacción que caracteriza las clases que Liliana Román Ayala imparte tres veces por semana (durante una hora) a los estudiantes de esta institución, donde hace cuatro años ella aprendió a tejer.
Liliana y sus alumnos tienen una condición en común: presentan algún tipo de discapacidad, pero luchan por ser productivos y superarse, aunque muchas veces deban escuchar voces contrarias.
Su madre, Carmelina Ayala, recuerda que esa lucha comenzó en 1990, cuando los médicos diagnosticaron que Liliana había sido afectada por meningitis, un mal que alteró irreversiblemente su sistema motriz.
Pero en los últimos años las voces de aliento resurgieron. Voces como las de los maestros del Ceprodi, quienes a poco tiempo de conocer a Liliana, notaron que tenía capacidad para seguir estudiando.
Pese a todo, Liliana ingresó al colegio. Actualmente estudia en las tardes y se destaca como una de las mejores de su clase. Precisamente por eso, los directivos del Ceprodi respondieron positivamente al pedido que la joven realizó el año pasado para ayudar a los demás estudiantes.