Soy un centro radiante del amor sanador de Dios, disfruto de energía mental y corporal.
Curación
El espíritu de Dios mora y se expresa en mí, sin importar lo que esté sucediendo en mi vida. En dulces momentos de meditación, edifico una conciencia inmutable del amor de Dios por mí y en mí, y la curación surge como un resultado natural.
Al ser un centro radiante del amor de Dios, enfoco mis pensamientos y mi atención en la idea de vida perfecta para mí y para los demás. En cualquier momento que aparezca un reto de salud, sé que la perfección es posible porque el amor sanador de Dios provee la renovación de nuestras mentes y nuestros cuerpos. El amor de Dios está en cada célula de mi cuerpo. La energía sanadora fluye en todo mi ser. Me siento refrescado y lleno de energía. Consciente de la actividad continua de curación, reclamo mi perfección.
– Proverbio 3:8
“Porque esto será medicina para tus músculos y refrigerio para tus huesos”.