- MAY. 24, 2008 - Foto - Cine - EL UNIVERSO
El solo nombre de Indiana Jones tiene sabor a mito. De hecho, pocas sombras son tan reconocibles como la suya. Su sombrero y su látigo son ya parte de la historia del cine de aventuras. Pueden estar tranquilos quienes deseen pagar por ver Indiana Jones y el Reino de la calavera de cristal. Es decididamente buena.
Y lo digo sin ambages ni medias tintas. Su director, Spielberg, no se ha cansado de repetir que esta es una película para los fans de Indy, y es cierto. Pero no porque la llevásemos reclamando 19 años, sino porque es imprescindible haber visto las anteriores para dotar de las debidas emociones a este personaje que Harrison Ford ha hecho suyo y solamente suyo.
Indiscutible que los años han pasado y ahora tenemos a un Indy que dice muy poco y está empeñado en demostrar que aún es capaz de salvar con éxitos los más exigentes prodigios físicos. Su pérdida de agilidad se compensa con experiencia y sabiduría. Además de un gran sentido del humor que le permite reírse de sí mismo.
Los chistes y bromas sobre su edad son una constante, y logran que nadie se sienta engañado con el personaje. Estamos ante un filme correcto, en general bien rodado, y seguramente si no fuera heredero de la tradición de su carismático protagonista, y un cineasta del talento de Spielberg, no sería criticado tan duramente.
Pero El Reino de la calavera de cristal no es un filme corriente, por lo tanto, se le ha de exigir mucho más. El tema del anticomunismo ferviente en Estados Unidos y las posibles consecuencias están metidos con calzador pero Ford está rodeado de fantásticos actores secundarios. Sean Connery es ya una foto de escritorio pero Karen Allen vuelve a ser Marion, Cate Blanchett (El aviador y Elizabeth: la edad de oro) es Irina Spalko. Shia LaBeouf (Transformers) es el hijo de Indiana, y detrás de las cámaras George Lucas sigue cuidando de su criatura.
Indiana Jones dejó escenas tan imborrables en la memoria que en esta entrega se hace complicado impresionar. La narración es más sosegada y por contra se llevan al límite los efectos especiales en la entrega menos creíble de las cuatro. Más que reinventar se ha optado por sobredimensionar en escenas con una brillante factura técnica pero alejadas del universo Jones que el espectador tenía creado.
Desde luego el filme no aburre, todo lo contrario, es un genial entretenimiento, con los acordes de la banda sonora original de John Williams. Un intento de sanar la melancolía cuando viajar al pasado no es posible, que nos insta a aceptar el paso del tiempo y a disfrutar de un Indiana Jones esencialmente perpetuo en un mundo diferente.
Spielberg en estado puro con espectaculares escenas de un hongo de bomba atómica y un homenaje final al mundo fascinante de E.T., o Encuentros cercanos del tercer tipo.