viernes 23 de mayo del 2008 Columnistas

El ratón cuidando el queso

Se rumora en las calles que los resultados de las últimas encuestas, que reflejan el acelerado desgaste de la popularidad del Presidente y que ponen en riesgo la futura aprobación de la nueva Constitución, motivaron el diálogo que por dos horas mantuvo el Presidente de la República con varios periodistas de algunos medios televisivos.

Como en los tiempos de campaña, el Presidente apeló a la prensa que tanto cuestiona, para tener presencia en los hogares ecuatorianos, para tratar de convencer a las masas que la inflación está mal calculada, que los precios suben pero no tanto, que la tasa de crecimiento está también mal calculada y que hay que sentirnos contentos por el bienestar que su gobierno está generando.
Pero cuando fue consultado sobre los artículos relacionados con la libertad de expresión, se declaró ignorante del tema.

Y es que con los ataques que realizó a la prensa a vista y paciencia de los entrevistadores que no atinaron a rechazar siquiera tan injustas afirmaciones, nos basta para saber cómo concibe la libertad de expresión y el respeto a la opinión ajena; así se lo hizo saber de entrada a Andrés Carrión cuando cometió el “atrevimiento” de recurrir a unas encuestas publicadas por una revista no gobiernista.

Entonces, al parecer, con el proyecto de la Asamblea, se produciría la redistribución de las frecuencias de radio y televisión a favor del nuevo poder empresarial, parte de la revolución ciudadana e indispensable para el sustento del proyecto político; y, el control de los contenidos de los diarios, revistas, canales de televisión y radios, a criterio del funcionario público de turno.

Todo ello partiendo del argumento, tan peregrino como la legitimidad de la Asamblea para agredir la libertad de expresión, que la comunicación es un bien público ¡y por lo tanto, materia de regulación del Estado…!

La comunicación no es otra cosa que la herramienta a través de la cual los ciudadanos se relacionan entre sí; por tanto, nada tan privado como la comunicación.

Y a través de la comunicación, los ciudadanos ejercen su derecho a expresarse libremente y a manifestar sus ideas y opiniones.

Entonces, ni la comunicación es un bien público, ni so pretexto de controlar esa comunicación se puede someter y amenazar el derecho que tenemos los ciudadanos de escoger libremente la información que queremos leer o escuchar y a expresar libremente nuestras ideas.

Haga usted este ejercicio, amigo lector: abra el periódico de su preferencia (no estatal por supuesto) y vea qué porcentaje de las noticias tienen relación con funcionarios públicos y sus ejecutorias.

Bueno, si el Estado se reserva el derecho de controlar bajo cualquier título a la prensa, lo que usted ha leído hoy con los años será un triste recuerdo; es como poner al ratón a cuidar el queso.

Si el control sobre la prensa que pretende instaurar la Asamblea hubiera estado vigente hace dos años, seguramente Rafael Correa no habría podido ser presidente, porque la partidocracia, a través del poder público que controlaba, lo hubiera impedido legalmente.

Simón Bolívar dijo hace casi dos siglos: “La imprenta es tan útil como los pertrechos en la guerra y ella es la artillería del pensamiento”.
Parece que nos quieren desmantelar la artillería a los libres pensadores.
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