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La corriente… |
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Amelia es inteligente y desde la altura de sus pobres y pulcros seis años, observa el mundo y nos observa. Para todo tiene una respuesta y sobre todo un grito, o algún intento de pataleta. Salimos juntas a buscar algún regalo para su mamá. Yo quiero que me regalen a mí. Para ti será cuando llegue el día del niño o tu cumpleaños, ahora tienes que pensar qué le gustaría a tu mamá, le explico. Se pone alegre. Los ojos irradian llenos de luz interior. Tanto es verdad que hay más alegría en dar que en recibir, cuando el dar es hecho con amor. Sabía perfectamente lo que más le gustaba a su joven madre. “Le encantan las carteras y no tiene, también le gustan los zapatos dorados y los aretes”. Sentada en el suelo escogió unos zapatos sencillos del gusto de su mamá. Calza 35 y nunca ha usado zapato cerrado, me explicaba. Paseamos tranquilas, disfrutaba del movimiento de los días de compras, de las escaleras mecánicas. Pero no gritó ni hizo berrinches como a veces acostumbra. Es que Tobita los hace, me dice y la mamá de Tobita también. Por eso yo grito porque me encanta ser como Tobita. Me enteré que hablaba de una serie de dibujos animados que ve a su llegada de la escuela.
En son de ponerme al día en historias animadas me detuve a ver, por primera vez, un episodio de los Simpson. En él Liza pedía a una mano de mono mágica, que cumplía todos los deseos, la paz mundial. Y en efecto esta llega, los seres humanos se entienden, se acaban las guerras, las fábricas de armas cierran, pero unos extraterrestres aprovechan que los humanos no tienen armas y los dominan. Solo cuando alguien utiliza otra vez la fuerza, el “orden” se restablece. Los miedos colectivos son proyectados hasta en la posible vida extraterrestre. ¿Y si son más buenos e inteligentes que nosotros y si no saben lo que es la guerra sino el amor y la cooperación, como debería corresponder a inteligencias superiores?
Fernando es joven, vive en un cantón donde vender droga se ha convertido en un negocio de adolescentes. “No me voy a meter en eso, porque no es mi línea de trabajo”, me cuenta. Él tiene otras…
Veo los informativos en la televisión, están calificados B; los niños deben verlas con supervisión de adultos. Las noticias deberían informarnos sobre la vida, ¿será que esta no es apta para niños?
¿Solo las noticias no son aptas?, ¿Y los dibujos animados qué calificación merecen?
¿Por qué Fernando solo piensa en su “línea de trabajo” para escoger o no, vender droga? No tiene ningún referente sobre si está bien o mal hacerlo, solo piensa en el dinero que obtendrá.
Nos asombran los estallidos de violencia juveniles, pensamos en castigos, pero entre todos vamos haciendo una sociedad que vive al vaivén del ruido, las imágenes y los hechos grotescos y violentos y el dinero como meta para alcanzar todos nuestros sueños.
Las historias de Amelia y Fernando me interpelan. Al decir de Gandhi, si nos dejamos llevar por la corriente, nos ahogamos y no podemos hacer nada por nadie, solo seremos una víctima más.
Sin embargo si la violencia y las bombas, todas las bombas, las de la miseria y la de las guerras, hacen mucho daño en el mundo; las caricias alimentan la vida y son más numerosas. |
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| María Helena Barrera-Agarwal |
Nuestra invitada | |
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| Nicholas D. Kristof |
Opinión Internacional | |
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| Guayaquil |
| Alta cocina |
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La Unidad Pastoral de Estudios y Cultura (Unipec) ofrece el curso ‘Alta cocina internacional’, por 25 dólares. Se enseñará a preparar platos de entrada, guarniciones, postres y diferentes clases de arroz. Las clases serán en el santuario Nuestra Señora de la Alborada. Los interesados se pueden comunicar al teléfono 264-6016, ext. 143. |
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