Martes 20 de mayo del 2008 Editorial

Tortura infame



Además de la violencia física, es reprobable la violencia verbal y emocional que se emplea contra los “pacientes”, a veces con el consentimiento de sus familiares.

Toda persona tiene derecho a opinar como le parezca sobre las normas éticas o legales relacionadas con la vida sexual, pero el discrimen a tal o cual comportamiento fue superado hace varios años, no digamos ya el abuso físico y mental. Ahora toca acabar definitivamente con estas aberraciones, propias de la Edad Media.

De los organismos de derechos humanos, tan callados en el último periodo –salvo honrosas excepciones–, poco esperamos; pero el Ministerio Fiscal y la Policía Nacional deberán iniciar las investigaciones para impedir este delito y sancionar a los culpables.
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