La defensa de valores humanos, realizada propositivamente por la Conferencia Episcopal y entidades servidoras de la educación, ha agudizado en los ciudadanos la conciencia de que, para que sea nuestra y dure la Constitución, su elaboración debe ser tarea de todos.
El Presidente de la Asamblea y varios asambleístas, expresando esta verdad, proyectaron luz en el camino. Otra luz: el Presidente de la Asamblea, sencillo, también con el grande poder de que está investido, escuchó y con él otros asambleístas escucharon con atención los aportes de los ecuatorianos. Dieron valor a 745.000 firmas notariadas y a otras 50.000 firmas llegadas directamente a Montecristi. Con más de 800.000 firmas, rubricadas en tan solo quince días, los ecuatorianos afirmamos que la persona es anterior al Estado. El Estado no es dueño; ha de administrar los bienes, sin favorecer a cercano o castigar a alejados.
Apoyamos los siguientes valores humanos: -Vida desde su concepción, -Matrimonio y Familia formados por varón y mujer, -Libertad religiosa, -Justicia social, preparada en educación de calidad, que exige libertad.
Esta libertad suprimirá la penalización a los creyentes, quienes, además de los impuestos, deben pagar con pensiones una educación integral.
Estas firmas son luz, porque fueron rubricadas en breve tiempo, sin ofrecimientos, sin regalos, sin amenazas; más aún, con la obligación de permanecer vigilantes hasta el referéndum. Contemporáneamente a la entrega de firmas se realizaron multitudinarias concentraciones pacíficas en todas las capitales provinciales. El Estado no puede desconocer la educación particular, pues esta atiende al 48% de niños y jóvenes. No toda ella es religiosa católica. Esta última, alejada del lucro, educa al 11,5% del total nacional.
En otro tema, hemos visto entre sombras un proyecto de mandato que pretendía el cese de doce magistrados de la Corte Suprema de Justicia. El Presidente de la Asamblea las disipó, afirmando que no habrá intervención ni reestructuración de la Función Judicial. Sería volver los ojos al tiempo del cerco de la Corte con tanques y del uso de la Fiscal para satisfacer odios.
Hay reales exigencias de la justicia: la más urgente, la agilidad, pues una justicia que tarda es injusticia. La Asamblea traería o traerá luz con la multiplicación de juzgados. La luz será más intensa, si los asambleístas establecen un procedimiento de elección de ministros de la Corte Suprema lo más independiente posible de los partidos. La cooptación parece ser un procedimiento. En todo caso, debe quedar firmemente establecido que la Corte Suprema es Suprema, es decir, no sujeta a otra entidad, con obligación, eso sí, de diáfana autodepuración.
No puedo no señalar algo sombrío: se organizó una sesión en la misma hora en que se entregaban las firmas. ¿Para desviar la atención de los camarógrafos y evitar su presencia en este acto? Hubo una sola cámara de televisión; esta pasaba por el lugar. Los camarógrafos no pudieron hacer conocer las 800.000 adhesiones que, unidas a las concentraciones provinciales, constituyen la más grande manifestación durante este gobierno. ¡Miedo a la información ensombrece a la Asamblea!