En mayo de 1968 tenía doce años, sabía que el general De Gaulle era el presidente de Francia y algo me enteré de la agitación estudiantil, pero yo, alumno de escuela todavía, no reparé demasiado en ella. Entonces a Ecuador no llegaban las noticias filmadas, sino varias semanas después de ocurridas. En los noticiarios de televisión se leían los despachos de agencias, los mismos que se publicaban a la mañana siguiente o que ya se habían publicado ese día en los periódicos. Así que no vi, no por lo menos ese año, filmes de la revuelta de los jóvenes franceses.
Años después en la universidad tuve amigos mayores que habían estado durante los famosos meses en la capital francesa y narraron sus experiencias. Leímos algunas cosas, en algún relajo estudiantil copiamos sus frases y, sobre todo, conversamos mucho sobre el mayo francés.
Algunas de sus facetas anarquistas me parecieron atractivas, pero a pesar de mis esfuerzos no logré aquilatar la importancia de esa “revolución”.
Así, cuando el presidente Sarkozy propone “eliminar” mayo del 68, me pregunto ¿qué dejaron esas semanas difíciles que merezca una eliminación radical, aparte de la charlatanería de “filósofos” deconstructivistas? Supongo que el presidente se refiere a cierto espíritu contestatario, a determinados lemas, a ciertas posiciones intelectuales… porque de realizaciones, nada. No me vengan a decir que la liberación de la mujer, la apertura sexual y otras reformas que trajo la modernidad son producto de Mayo del 68. Eso mismo se logró antes o después en muchos países sin pensar en la fiesta parisina.
Se ha dicho que en 1968 cambió el mundo, puede ser, pero no en mayo. Hubo en ese año sucesos trascendentales, como la primavera de Praga, la revolución democrática checa, que si bien fue aplastada por los tanques rusos, sus ideales se realizaron años más tarde con la caída del Muro de Berlín y la consolidación de la democracia en Europa Oriental. Nada parecido ocurrió con el movimiento de mayo. La policía cargó fuerte, pero sin sangre. Los resultados políticos no se ven por ninguna parte. De Gaulle ganó las siguientes elecciones por márgenes abrumadores, a él le sucedieron Pompidou y Giscard d’Estaign, también conservadores. Y si los ideales de los estudiantes del 68 se realizaron con la socialdemocracia errática de Mitterand, fue una conquista bien pobrete. Claro que los fundadores latinoamericanos del Socialismo del Siglo XXI se quieren ahora hacer cargo de su herencia, como se hacen cargo del Che, de la Teología de la Liberación y de todos los fracasos del siglo XX, pero eso no quiere decir que tenga alguna relevancia.
París, mayo de 1968, no fue una revolución, más exacto sería hablar de una rebelión o más bien de una revuelta. Es más un símbolo de una época clave, que un hecho clave. Si en 1968 cambió el mundo, ¿por qué no en 1969?, año en el que el hombre llegó a la Luna y se dieron los tres días de Woodstock, que fueron tan fiesta como el mayo de París y cuyos ecos resuenan más… si no, ¿por qué estás oyendo en tu iPod a Jannis Joplin?