lunes 19 de mayo del 2008 Columnistas

El país de la baja productividad

Luego de una ausencia involuntaria retomo mi diálogo con mis lectores. Una operación grande me puso sin alcance de mis útiles de escribir. Un barraje de tubos, escalpelos, médicos de gran prestigio como Burbano, Lupera, Dávalos, Endara y otros tantos y auxiliares me permitieron reanudar mi recuperación.

Algunos de los textos, mandatos y decisiones públicas configuran una opción que se parece cada vez más a la idea de una economía construida en torno a dos ejes: un sector estatal petrolero minero y un sector de muy pequeñas empresas vinculadas al sector interno. Estas actividades se vuelven complementarias; una genera un fuerte excedente que aprovecha altos precios internacionales, petrolero y minero. Obviamente este segundo sector vive de los subsidios de diverso tipo, especialmente en campos como combustible, crédito, algunos aperos.

Obviamente, esta es una figura caricatural, pero viene de la lectura de un texto, del distinguido economista Pablo Dávalos y publicada en la revista  ALAI. En un artículo denominado ‘El Sumak Kawsay’ (Buen vivir), donde analiza este concepto, Pablo señala que “son los mismos indígenas de Bolivia, Ecuador y Perú  los que ahora proponen un concepto nuevo para entender el relacionamiento del hombre con la naturaleza, con la historia, con la sociedad, con la democracia. Un concepto que propone cerrar las cesuras abiertas por el concepto neoliberal del desarrollo y el crecimiento económico. Han propuesto el ‘sumak kawsay’, el ‘buen vivir’”. Este concepto “se opone pues al de productividad  y al crecimiento económico, que sería de todos los conceptos creados desde la positividad de la economía neoliberal, el concepto de crecimiento económico como base del desarrollo social es, de hecho, uno de los que más connotaciones simbólicas y políticas posee. Es un concepto hecho a la medida de las ilusiones y utopías del neoliberalismo y del capitalismo tardío”, es al momento la única alternativa al discurso neoliberal del desarrollo y el crecimiento económico, porque la noción del sumak kawsay es la posibilidad de vincular al hombre con la naturaleza desde una visión de respeto, porque es la oportunidad de devolverle la ética a la convivencia humana, porque es necesario un nuevo contrato social en el que puedan convivir la unidad en la diversidad, porque es la oportunidad de oponerse a la violencia del sistema.

El “buen vivir” expresa, refiere y concuerda con aquellas demandas de “décroissance” de Latouche, de “convivialidad” de Iván Ilich, de “ecología profunda” de Arnold Naes. Para quien quiera leerle en extenso, refiero su página web: alai-amlatina@alai.info

Ahora bien, la idea atrás de esto es una economía de baja productividad, donde las empresas medianas y grandes no son la prioridad y donde la exportación privada no es importante. Es construir desde la comunidad indígena las bases para la nueva economía. Esta es una vieja discusión en el marxismo. Basta recordar los borradores de cartas de Marx a Vera Zazulich en que este discutía la enorme dificultad de ir de la comunidad rusa al socialismo. Con el tiempo los soviéticos primero, los chinos después, optaron por una economía combinada, y así en general construyeron modelos heterodoxos, como los coreanos.

En este marco el país debe optar por un modelo económico  centrado en la transformación de empresas de alta tecnología capaces de generar empleo o modelos de desarrollo basados en la explotación de sus recursos naturales. De esta manera podremos enfrentar la globalización desde un proyecto nacional.
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