Lunes 19 de mayo del 2008 Internacionales

25 años sin vacuna contra el sida

Mañana se recuerda un aniversario más del descubrimiento de la enfermedad que azota al mundo.

Veinticinco años después del descubrimiento del virus del sida, el camino se vislumbra largo y difícil hasta llegar a controlar este mal mundial, que todavía carece de vacuna.

El 20 de mayo de 1983, en un artículo publicado en la revista norteamericana Science, un equipo de médicos e investigadores del Instituto Pasteur (París, Francia), dirigido por el profesor Luc Montagnier, describe un nuevo tipo de virus, diferente a los conocidos y sospechoso de ser el responsable del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).

Aislado a partir de un paciente seropositivo, este virus es bautizado LAV por virus asociado a la linfadenopatía, en alusión a la hinchazón de los ganglios (adenopatía), un signo precursor de la enfermedad.

Los trabajos franceses aportaron los primeros argumentos sobre la responsabilidad del virus en la enfermedad. Al año siguiente, el equipo estadounidense del profesor Robert Gallo contribuyó a dilucidar la causa del sida, reafirmando el papel de este agente letal.

Este descubrimiento permitió preparar “una prueba de detección del virus en la sangre, implantar y desarrollar políticas sanitarias de prevención correctas y obtener los inhibidores (del virus) que permiten tratar a los pacientes, pero no sanarlos”, resume Montagnier.

Nunca la ciencia y la medicina fueron tan rápidas en el descubrimiento de una enfermedad, en la identificación de su origen y en proponer las bases del tratamiento del “cáncer gay”, término de la prensa anglosajona para aludir a los pacientes norteamericanos homosexuales que permitieron revelar al mundo el mal.

Había razones para el optimismo. ¿Acaso no se habían vencido, por la higiene, los antibióticos y las vacunas, numerosas enfermedades infecciosas? No se contaba con que el virus, ahora llamado VIH, presentaría una extraordinaria capacidad para desafiar los esquemas conocidos y burlar todas las defensas del cuerpo.

En abril de 1984, Margaret Heckler, subsecretaria de Sanidad norteamericana, anunciaba triunfalmente el “descubrimiento” del virus del sida por el equipo del profesor Gallo. “Esperamos tener una vacuna lista para ser ensayada en más o menos dos años”, exclamó.

Promesas parecidas de vacunas han sido lanzadas cada año, pero los científicos se han vuelto más prudentes, teniendo en cuenta la extrema complejidad del virus. La investigación científica no ha decaído, pero el mundo sigue sin una vacuna preventiva antisida.

Actualmente 33 millones de personas están infectadas y se estima que la epidemia ha segado la vida de 25 millones.

Los poderosos cocteles antirretrovirales que aparecieron a mediados de los años noventa han transformado el diagnóstico de sentencia de muerte en una forma de enfermedad crónica, incluso si las malicias del virus obligan a renovar las combinaciones terapéuticas y a hallar otras moléculas.

Como en el caso de las vacunas, los intentos de hallar microbicidas, geles vaginales protectores, no han fructificado. La protección en las relaciones sexuales sigue en el preservativo. Mientras, el virus sigue propagándose aprovechándose de la ignorancia, los prejuicios y de la falta de compromiso de los mandatarios políticos.  Mil millones de dólares se invierten anualmente a la investigación sobre el sida, pero aún  no hay una vacuna contra el mal.

1,6
Millones
  de personas en América Latina se infectaron por el virus del VIH/sida en el 2007, según los cálculos publicados por Onusida en noviembre del 2007. En esta región 58.000 personas fallecieron a causa del mal.

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