En enero del 2007 se hizo el contrato para ampliación y remodelación el cual nunca se cumplió.
Baltra es la puerta de ingreso a las Islas Encantadas, al lugar de las tortugas gigantes y pinzones que motivaron el controversial libro sobre El origen de las especies de Charles Darwin. Millares de turistas de diversas nacionalidades visitan la región por esa razón cada año.
En esta isla, manejada por la FFAA (Fuerzas Armadas del Ecuador), está uno de los tres aeropuertos que hay en el archipiélago y el de mayor flujo de pasajeros con un promedio de unos 120 mil anuales, sin embargo, la imagen y servicio que se ofrece en la terminal se queda grabada en la retina como deficiente y de mal gusto.
Los vuelos llegan a diario repletos de turistas y residentes. Tras descender del avión van al área de control de visitantes y de pago para ingresar a las áreas protegidas del Parque Nacional Galápagos (PNG).
Si a los nacionales les resulta difícil ubicarse en los respectivos puestos para el chequeo, a falta de señalización, a los extranjeros que apenas se han grabado contadas palabras en español se les ve pulular confundidos en busca de ayuda.
En las ventanillas los viajeros extranjeros pagan $ 100 por el ingreso al PNG, mientras que los nacionales desembolsan $ 6, previamente pagaron otros $ 10 por la tarjeta de tránsito.
La sala de arribo resulta estrecha y sofocante para acoger a las decenas de usuarios. A pocos pasos, escasas bancas hacen de lugar de espera para retirar el equipaje. Pero las maletas no salen precisamente por una banda porque estas se dejan sobre el piso de un galpón vacío, adonde tras retirar una cinta divisoria, los pasajeros corren en busca de sus pertenencias.
Los nacionales se quejan, pero ya no les llama la atención porque desde hace mucho tiempo soportan las incomodidades, incluso “mal trato de las aerolíneas”. Los extranjeros igual de perplejos demuestran extrañeza por el rudimentario sistema del servicio.
“¿Qué imagen para el país?”, dice José Andrade, ciudadano residente en Santa Cruz, mientras indica la inseguridad del lugar porque una parte del techo corre el riesgo de desplomarse por los trabajos inconclusos.
La incomodidad continúa al abordar los buses de las aerolíneas Tame y Aerogal, que van y regresan abarrotados de pasajeros en el tramo entre la terminal aérea y el muelle del Canal de Itabaca.
Trabajos suspendidos
Contar con mejores servicios y áreas cómodas para atender a los miles de pasajeros es incierto. En enero del año pasado una contratista asumió el proyecto para la ampliación y remodelación de la terminal del aeropuerto. Fue una contratación pública por un valor de $ 1,1 millones que debió terminarse en seis meses, pero se suspendió porque la compañía presentó incovenientes y no se cumplió, señala Édgar Navas, jefe del aeropuerto de Baltra.
El incumplimiento es investigado por la Contraloría, dice.
Las labores comprendían la ampliación de las áreas de la sala de preembarque en el 100%, la sala de arribo en igual dimensión, la construcción de locales comerciales, cambio total del piso, entre otros.
En la Dirección de Aviación Civil se limitaron a informar que mientras no tengan el pronunciamiento de la Contraloría no se puede iniciar otro proceso de contratación.
Incremento de turistas
En los últimos quince años el turismo de Galápagos ha crecido en términos económicos a una tasa anual del 14%.
Hotelería
El ingreso bruto total de los hoteles en Galápagos ha aumentado de $ 1,2 millones a $ 10,7 millones en los últimos quince años.
Presupuesto para obras
Para los trabajos en la terminal aérea de Baltra se cuenta solo con fondos del presupuesto de la DAC.