En el Ministerio de Justicia, la subsecretaria de Rehabilitación Social, Ximena Costales, dice qie hace planes y programas para buscar una mejora en la calidad de vida de los cerca de 19 mil presos que purgan sus penas en las 35 cárceles.
Con 16 años de experiencia en el trabajo en las prisiones, la funcionaria sostiene que la intención es que los reos sean tratados como seres humanos y puedan rehabilitarse para reinsertarse en la sociedad.
¿Cuál será su función?
Cubre un vacío, la propuesta es que todo sea coordinado y la aplicación de la justicia esté al alcance de los ciudadanos. El Ministerio de Justicia tiene una estrategia integradora.
¿Cuál es esa estrategia?
Existen algunas propuestas para normar la actividad de los centros, algunas tendrán su lógica legal cuando la Asamblea defina cuál es el modelo con el que funcionará el Consejo de Rehabilitación.
Lo primero que se hará es un censo penitenciario que nos permitirá tener los elementos en torno a prisioneros, administrativos y a los guías penitenciarios. Tendrá un componente tecnológico que permitirá que, desde los centros de rehabilitación, se alimente diariamente con información de los prisioneros a través de una plataforma informática. Se coordinan acciones con la unidad transitoria de construcciones, que es parte del Ministerio, y se verán efectivamente los flujos de personas.
¿Cuántas cárceles habrá?
Se tiene una idea previa, de hacer siete cárceles nuevas, que se reforzarán con la información que provenga del censo penitenciario. Le damos protagonismo a Guayaquil, que concentra el 60% de la población carcelaria.
Luego trabajaremos una consultoría sobre estresores (definen en qué etapa la persona se encuentra). Cuando se habla de nuevas prisiones pensamos en que la gente obedezca a una clasificación no solo por tipo de delito, sino por las capacidades laborales.
Hay etapas en las que una persona en prisión está depresiva al momento del encarcelamiento, sentencia o cuando va a salir. En esta área habrá un acompañamiento.
Lo otro es la creación de la escuela penitenciaria, para tener gente formada dentro del sistema penitenciario.
¿Pero esa escuela ya existía?
Existe una pequeña escuela en Quito, un primer aporte de la DNRS, pero el Ministerio lo que quiere es que sea algo más grande con una malla curricular adecuada, para que los diferentes actores sean técnicos en el sistema.
¿Cómo harán para que quien mató, violó y robó salga rehabilitado de la cárcel?
Lo primero que se plantea es un espacio digno, por eso viene la creación de nuevas prisiones y la recuperación de espacios actuales en los que se permite un mínimo nivel de dignidad en las cárceles. Se debe crear un sistema de crecimiento humano, para que el prisionero tenga responsabilidad y se le exige cumplimiento de obligaciones.
¿En qué difieren los planes del Ministerio con los de la DNRS y sus talleres?
Hay un diseño de los espacios laborales, pero no como el actual que permite que un individuo construya cualquier cosita y trate de venderlo. Se crearán espacios laborales.
Por ejemplo, se trabajan propuestas con el Ministerio de Trabajo con perspectivas que nacieron de los internos como la marca Prission, que sea rentable y financiera y que deje un capital que beneficie a los presos que les permita ahorrar para su salida, resarcir a la víctima o colaborar con la familia.
Si los talleres son pensados como espacios productivos se requerirán planteamientos grandes que dejen ganancias para los prisioneros donde exista competitividad, normas de calidad; no el taller que se ve ahora, donde se hace el carrito que vendo en $ 4, sino un taller que se conecte con otras expectativas del Gobierno, como la confección de uniformes para los chicos.
¿Se obligará a los internos?
En el sistema de clasificación de prisioneros se conocerá en qué etapa psicológica se encuentran las personas. Quienes estén en condiciones de colaborar, según su capacidad psicológica, entrarán a este tipo de programas que implantemos.
Cuando hay una oferta de este tipo, los prisioneros participan solos, incluso el trabajo se vuelve terapéutico.
¿Quién garantizará que los prisioneros que salen no volverán a delinquir?
Es necesario ese tipo de programas laborales, pero se acompañará de un refuerzo de tipo psicológico y conductual. No porque una persona que trabaja tiene garantizado el éxito de su reinserción social; hay personas que necesitan asumir ciertos temores, culpas, necesitan asumirse como seres humanos capaces de crecer cuando están libres; y se generarán espacios adicionales terapéuticos, en los que tengan seguimiento y acompañamiento, y no están cooptados con sus familias.
Queremos que existan espacios bien regulados en donde pueda fluir bien la relación familiar y (los internos) puedan tener vínculos con sus hijos.