Anthony Lane en la revista New Yorker los acusó de un "facismo pop". El crítico de Premiere lucía confundido: "o es la película infantil más vanguardista de la historia o la causa de un tremendo dolor de cabeza". La guillotina de algunos de los más importantes medios escritos en inglés cayó con violencia sobre Meteoro.
En su primer fin de semana en EE.UU. las expectativas de taquilla no han sido lo que se esperaba, especialmente por los altísimos costos de la producción digital de la película. Pero en Ecuador (en las salas de Supercines) el éxito de su reciente estreno es solo equiparable a la última cinta de Harry Potter.
Es casi imposible ver una película de este peso y no sentir la fuerza del mercadeo mundial -juguetes, ropa, juegos- que acompaña un mega lanzamiento de Warner. Acompañado de elucubraciones de toda índole y de mis reacciones negativas hacia las Matrix 2 y 3, allí estuve en una solitaria presentación matutina previa al estreno. Pues sorpréndanse: este cinéfilo fue totalmente seducido por una sensación tan hipnótica y delirante como la que descubrí en mi adolescencia hace décadas, cuando veía fantasías cinematográficas musicales en salas que ya no existen en Guayaquil.
Meteoro podrá ser la adaptación de un programa de televisión infantil "de culto" que jamás vi, pero en su nueva reencarnación el resultado es sorprendente. Los Wachowski van mucho más allá en sus recorridos creativos en la explosiva amalgama de efectos y ediciones digitales del montaje general, por eso es absurdo caer en detallismos narrativos sobre una historia tan simple como ingenua: una familia de corredores de automóviles que asume en equipo el gran reto de apoyar a Metoro (Emile Hirsch), su hijo de 18 años, para ganar la carrera "Casa Cristo", donde el hijo mayor supuestamente perdió la vida años atrás.
El mundo recreado por Meteoro no es solamente el de la velocidad y las tiras cómicas japonesas. Sus creadores nos trajeron la realidad virtual en la primera Matrix. Los Wachowski traen esta vez un auténtico 'filme cómic' impregnado del arte pop de Andy Warhol y Roy Lichtenstein.
Y ante los ataques de los críticos, es reconfortante conocer que Lichtenstein, célebre pintor de tiras cómicas llegó a ser calificado por la revista Life en 1960 como "el peor artista de EE.UU." Por algo serán esos consejos que recibe Meteoro de su mamá (Susan Sarandon, transformada en una mami-Barbie): "Yo voy a las carreras para verte hacer arte".
El director Stanley Donen creó en 1952 junto al bailarín Gene Kelly lo que se convirtió en una de las películas musicales más famosas de todos los tiempos: Singin' in the rain (Cantando bajo la lluvia). Allí se parodiaba un momento definitivo en el cine: la llegada del sonido en los años veinte y las hilarantes dificultades para realizadores y actores. El tema real era la tecnología de entonces, puesta en escena en gloriosos colores, con coreografías y canciones que nos conducían a espacios que entonces no se llamaban cibernéticos. Simplemente estábamos transportados.
Nunca Hollywood se había acercado a las esplendorosas ilusiones de ese cine musical hasta que los Wachowski -saliéndose del género musical- crean sus nuevos conceptos visuales. El calificativo de "infantil" -simplemente una faceta de su creación y bienvenida sea- también se lo aplicó al cine musical. Así, en Meteoro un carro es "un ser vivo que respira", y lo creemos. ¿Tenemos que sentirnos culpables cuando una película nos devuelve esas fantasías primitivas?