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Edición del DOMINGO 18 de Mayo del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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‘Me fue mal con el psicólogo’
Mi experiencia no es muy halagadora. Hace años envié una carta a El Especialista, contando que mi esposo tenía un carácter insoportable y que era machista. Este me maltrataba psicológicamente y se desquitaba con mi hijo mayor, pegándole y bajando su autoestima. Él tenía en ese entonces 8 años de edad, ahora ya cumplió 14.

La psicóloga que respondió, no recuerdo su nombre, me pareció muy acertada en sus comentarios. Al principio intenté seguir al pie de la letra sus sugerencias, pero no resultó y tampoco pude acudir a su consulta por falta de dinero.

Aparte, mi pequeño hijo tenía problemas en la escuela y me dijeron que fuera a un centro de psicopedagogía que era barato para que le hicieran unas pruebas con la parte educativa. Pero resultó que su problema tenía mucho que ver con la parte emocional. Decidí buscar al psicólogo de ese centro, pero en la primera cita que tuve con mi esposo no fue imparcial.

Lo primero que hizo  mi marido fue quejarse de que yo no me preocupaba del niño, que no planchaba, ni lavaba y que cocinaba malo, por último que ya no quería hacer el amor.

El psicólogo me miró fijamente a los ojos y me dijo con un tono de reclamo: “¡Señora, usted por qué no quiere tener sexo con su esposo! ¡Cúmplale! ¡Explíqueme! ¡Por qué no atiende a su marido!” Yo me quedé impresionada y preferí callar. Ante esa actitud, no valía la pena decirle que sufría de inflamación crónica de pelvis y que me sentía muy herida porque él me había sido infiel, mientras yo  trabajaba todos los días para pagar sus tarjetas de crédito que tenía boletinadas.

Desde ese momento me di cuenta de que yo tenía que haber elegido primero un marido honesto y no machista; segundo, un buen profesional que no solo tuviera su título colgado en la pared de un consultorio, sino que realmente se preocupara por ayudar a sus pacientes  y no lo contrario, porque salimos peleando con mi esposo.

Después de este frustrante  episodio decidí acudir con una psicóloga educativa que me recomendaron. Todo iba bien en las terapias con mi hijo hasta que ella le dijo a mi esposo que el problema del niño era ocasionado por el maltrato que le daba al haberlo castigado físicamente con sus manos. Ante este hecho, mi esposo protestó y decidió terminar definitivamente el tratamiento.  Ahora mi hijo está adoptando la misma actitud de su padre y esto me está haciendo decidir a que tome la decisión de separarme por el bien del niño y de todos.
N.N,
Guayaquil



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