Domingo 18 de mayo del 2008 Editorial

Publicidad veraz



Así debería funcionar siempre el mercado, incentivando la oferta de servicios mejores y más baratos, y dejando que sea el cliente el que diga la última palabra.

La condición para eso, sin embargo, es que la publicidad no apele a mensajes confusos que engañan al usuario. La oferta de cada empresa debe ser explicada con sencillez pero también con precisión, no dando a entender lo que no existe.

En un país donde la educación se ha deteriorado tanto, esta obligación adquiere una importancia suprema.

Estamos seguros de que la publicidad ecuatoriana, que ganó muchísimo en creatividad en los últimos años, estará a la altura de este desafío ético.
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