Cuatro propietarios de expresos informales defienden su actividad en medio de críticas.
A pesar de que es la conductora de un expreso informal, Sandra (nombre protegido) sostiene que realiza la actividad con mucho orgullo.
Desde que su esposo compró un carro hace seis meses aporta a los gastos de su hogar. “Soy vendedora de cosméticos por catálogo y quería hacer algo más por apoyar a mi familia”, comenta.
Sandra, de 39 años, se levanta a las 05:00, de lunes a viernes, para transportar a siete niños, los cuales provienen de familias de amigos y conocidos, a su colegio ubicado en el centro de la ciudad.
Por cada estudiante, esta madre de familia cobra 5 dólares cada mes.
“Es muy barato considerando que las tarifas más bajas de expreso escolar parten de los 10 y hasta 15 dólares, pero me digo a mí misma que si realmente quiero expander mi negocio debo saber atraer mi clientela”, manifiesta.
Por el momento cuenta con un auto, pero más adelante planea adquirir su propia furgoneta. “No será fácil, pero lo haré. Con eso terminaré de legalizarme en el negocio”.
Por ahora continúa con él, pero señala que a diferencia de otros vehículos sí ofrece las debidas seguridades en su carro, “aunque vamos algo apretaditos”.
Al igual que Campuzano, Wacho Martínez, de 28 años, otro conductor de expreso escolar, relata que a pesar de no estar legalizado procura dar seguridad a los tres estudiantes de colegio que transporta.
“No es necesario condenar al conductor informal, mientras no ponga en riesgo la seguridad de los chicos”, expresa Martínez.
Por cada estudiante cobra 50 dólares, lo que le permite llevar a su familia un ingreso de 150 dólares mensuales. Esto además del sueldo que gana como taxi amigo independiente.
Álvaro Mosquera, que también ofrece transporte tipo ‘servicio ejecutivo’, defiende su actividad pese a las críticas de las cooperativas de expresos formales.
“No hacemos daño, es un ingreso que llevamos al hogar. Tratamos de buscar trabajo honrado a pesar de la situación económica”, agrega Mosquera.
En su auto, Mosquera explica que antes de iniciar un recorrido recuerda ciertas normas de seguridad a sus pasajeros como el uso de los cinturones de seguridad.
“Mi vehículo es cerrado y seguro para mis pasajeros, además de que siempre que empezamos una carrera les recuerdo ponerse los cinturones”, señala el conductor de 30 años.
Pero la responsabilidad de que aumenten los trabajos informales como el caso de los expresos escolares no solamente recae en quienes se dedican a la actividad sino en el Gobierno, refiere José Chacón, taxista de 45 años.
“Las oportunidades de conseguir empleo en estos días son pocas y más aún cuando las empresas empiezan a despedir a mucha gente por el tema de la tercerización. Uno debe de buscar sus propios medios para mantenerse”, manifiesta.
Chacón, quien aprovecha las mañanas para realizar expreso a cinco estudiantes a un promedio de 15 dólares, en el sur de la ciudad, trabaja como taxista en una cooperativa. “Pero el dinero no alcanza y hay que buscar otros ingresos”.
Wacho Martínez
Conductor informal de expreso escolar
“No es necesario condenar al conductor informal, mientras no ponga en riesgo la seguridad de los chicos”.
Janina Álvarez
Madre de familia
“Aunque me saliera más barato pagar un expreso informal, embarcaría a mi hija en una camioneta de estas. Quién me asegura que ella va estar bien”.
Martha Humanante
Profesora
“Nadie dice que no tienen derecho a trabajar, pero deben evitar transportar a los niños en carros viejos y sin casetas”.