- MAY. 18, 2008 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Serie. El Cholito decepcionó en su capítulo de cierre. Pero la novela ya venía dando muestras de inconsistencias desde hace algunos meses.
Final abierto explican que fue el de la telenovela El Cholito. Que de esa forma preparan el camino para la inminente segunda parte de la exitosa serie. ¿Final abierto o final abrupto? Esa es la cuestión.
El diablo está en los detalles. Y también, las diferencias entre lo abrupto y lo abierto. La distancia está dada por la habilidad y el trabajo que se aplique en cada caso. Hagamos de cuenta que estamos en manos de dos pilotos de aviación: el uno va dirigiendo, poco a poco, con mucha anticipación y precisión para depositar suavemente la nave en tierra. El otro realiza las maniobras muy cerca del puerto de llegada, lo hace bruscamente, sacudiendo el avión y a sus pasajeros hasta finalmente aterrizar.
¿Cuál prefiere? Esa pregunta es fácil, ¿verdad? Bueno, en el caso de El Cholito lo que se hizo es alargar lo más posible la telenovela, más que nada para sacar el jugo al éxito comercial y de sintonía; cuando ya era insostenible la situación, se lanzaron en picada a la pista de aterrizaje y, además, con la cabeza puesta en el objetivo de levantar vuelo por segunda vez.
Lo que menos importó fue lo de la suavidad del aterrizaje. Se cayó en tierra, sin más ni más. El final fue un capítulo como cualquier otro. Con el aparecimiento de personajes de la televisión (como venía sucediendo hace tiempo) –Marián Sabaté, en este caso–, el regreso de actores y actrices que habían desaparecido y ningún nudo argumental que se cerrara.
Las comparaciones ofenden, suelen decir las abuelitas. Puede ser, pero ilustran. Veamos lo que pasa en la televisión globalizada con “Amas de casa desesperadas”, una serie premiada, justamente, por la calidad de su trama y la riqueza de sus personajes. Los finales de cada temporada son abiertos. Pero, ¿de qué forma?
A medida que la serie entra en su clímax, se van creando situaciones y giros en los distintos niveles de la trama. Al mismo tiempo, se introducen nuevos personajes que van a ser relevantes posteriormente.
En el momento del final se tiene el escenario armado, de tal forma que se han terminado de atar los cabos sueltos, “se ha aterrizado” suavemente, pero el tablero ha quedado listo para captar el interés del televidente de cara a la nueva temporada.
El Cholito tuvo un éxito enorme y eso es una buena noticia para todos quienes trabajan en la industria televisiva. Significa que sí hay posibilidad de producir localmente una serie que llega a una audiencia masiva y que genera ganancias. También, y este dato es aún más relevante, se convirtió en un fenómeno cultural colectivo, del cual todo el mundo, en los más diversos círculos sociales, hablaba.
El Cholito se convirtió en un fenómeno cultural. En algún momento, se debatió entre los críticos de la región andina si aparte de ser un éxito social fue un éxito de prestigio. No hubo acuerdo. En lo personal, considero que los productores de la telenovela echaron a perder una excelente oportunidad para que así fuera porque se descuidó la serie y se concentraron en los factores más promocionales. El final es una excelente muestra, pero antes ya sucedieron otras cosas.
¿Ejemplos? Las entradas y salidas de actores y actrices como la venezolana Ruddy Rodríguez, quien interpretaba a Doménica Rossi; y del colombiano Julio César Herrera, Juan Fernando Campos, hijo del dueño de Imagen TV. Si uno se queda sin villanos, la telenovela se acaba, afirmó en alguna entrevista el guionista de El Cholito, Cristian Cortez. Pues, aquí la paradoja es que este villano (Herrera) era inconstante. Ni buenos ni malos estuvieron a la altura de las circunstancias: Incluso en lo que podríamos llamar “villanos menores”, como el caso de Don Soto, el jefe maldito, quien sucumbió en distintos momentos y por nada: un telepredicador o unas faldas.
Personajes importantes como Giovanna Andrade, María Gracia Echeverría, la “niña de los ojos” de Pepe José Chalén, se diluyeron, en la centrífuga del propio Cholito, su capacidad para generar chistes, ridículo. A veces cierta lucidez, ingenuidad y nobleza. Y en otras (las peores) la mezcla de todo esto. Como en la escena final del alejamiento ante sus dos amores... Peor no pudo haber sido.