Contra todas las probabilidades, Mike Tyson —ex campeón mundial de peso pesado y autoproclamado “hombre más malo del planeta”— sigue vivo.
Un regordete hombre de 41 años que le debe millones de dólares al Gobierno de EU en impuestos atrasados, vive desde hace alrededor de tres meses en los suburbios de Las Vegas. Y está sobrio —lleva 15 meses, según dice— tras años de abuso de las drogas y el alcohol. Sin embargo, éste no era un desenlace previsto hace apenas unos años. En palabras de Tyson: “nunca creí que viviría hasta esta edad”.
Ahora que está aquí, se encuentra frente a un camino inusitado y desagradable, si bien uno que podría resultar catártico. Este mes, Tyson y sus nuevos asesores volarán al sur de Francia para asistir al Festival de Cine de Cannes, donde se estrenará “Tyson”, un documental acerca de su vida. Dirigido por James Toback, el filme, que intercala entrevistas con Tyson realizadas el año pasado mientras se encontraba en rehabilitación por drogas y alcohol, con escenas de peleas, ha obligado a Tyson a revivir y reconsiderar una vida que lo avergüenza. “Lo veo ahora y me da vergüenza haberlo hecho”, comentó en una entrevista reciente. “Hay mucha información que la gente no necesitaba saber”.
Sin embargo, revelar la emproblemada y aparentemente imposible relación de Tyson con su antiguo yo es clave para los nuevos planes en torno al ex peso pesado. El filme, junto con unas memorias que se encuentran en sus primeras etapas —Tyson colabora con el autor Larry Sloman— son parte de un esfuerzo que los asesores de Tyson esperan lo reintroduzcan al público y lo impulsen hacia algo que se asemeje a una carrera después del box.
Toback, que también dirigió “El Especialista en Chicas” y “El Infiel”, dijo que creía que el documental, que se espera que llegue a los cines en otoño, permitiría a la gente ver al ex boxeador, conocido por sus arranques de agresividad en el ring y una muy anunciada condena por violación, en un contexto más compasivo.
Aun así, tiene sentimientos encontrados en cuanto a volver a estar a la vista del público, en parte porque eso plantea interrogantes que él mismo no puede responder. “No sé quién soy”, dijo en una de las pocas entrevistas extensas que ha concedido en los últimos años.
“Eso podría sonar idiota. Realmente no tengo idea. Toda mi vida he bebido, me he drogado y he andado de parranda, y de pronto esto se detiene”. Habla con su conocida voz aguda con un vestigio de ceceo, aunque no se siente peligro mientras describe su pasado como una serie de errores. Es fácil, mientras habla con tono suave y afligido, olvidar lo temido que era.
Fue hace 22 años, un sábado por la noche en el hotel Hilton de Las Vegas, cuando el gancho izquierdo de un chico de Brooklyn de 20 años lleno de furia golpeó la sien de Trevor Berbick a los 2:35 minutos del segundo asalto. “El día que gané el título me emborraché y drogué tanto”, dijo.
Ese fue el punto de demarcación en la vida de Tyson, porque lo que había sucedido antes era poético: un niño de 13 años de raza negra de las calles de un ghetto es acogido por Cus D’Amato, legendario entrenador en el norte del estado de Nueva York que lo convierte en el campeón mundial de peso pesado.
Sin embargo, lo que vino después fue vulgar: tigres de bengala en el patio trasero, la prisión y la bancarrota. El documental cubre terreno conocido, aunque incluye a un Tyson sobrio que reflexiona acerca de sus debilidades.
Afirma que nació adicto y no culpa a la trayectoria de su vida de su aflicción. Le disgusta hablar de su propia carrera en el box. Aparte del hombre sentado en el sofá, no hay señales de que la casa está habitada por el ex campeón de peso pesado: no hay trofeos, ni fotos, ni recuerdos. “No necesito recordar eso”, dijo.
Toback incluyó a Tyson en dos de sus filmes —“Blanco y Negro”, en 1999, y “When Will I Be Loved”, en el 2004. Al final de la película más reciente— filmada el año pasado en una casa rentada en Beverly Hills y en la playa de Malibú cuando Tyson recibía permisos de un día para salir del centro de rehabilitación— Tyson “hablaba de ese vacío”, comentó Toback.
Ninguno de los dos proyectos — ni el filme ni las memorias— ha sido fácil para Tyson.
“Son cosas muy dolorosas. No sabía cómo ser de otra manera”, dijo sobre su pasado. “Me sentía como uno de esos reyes bárbaros que iban a conquistar al Imperio Romano. Estaba loco”.