La escena en el Manta Ray Cafe, en el puesto militar estadounidense más prominente en Suramérica, sugiere normalidad. Sin embargo, si el Presidente Rafael Correa se sale con la suya, para el próximo año esta base habrá desaparecido y, con ella, una de las fuentes más enconadas de controversia en la larga guerra de Washington contra el narcotráfico.
Para la administración Bush, la estación aérea estadounidense en Manta es un componente crucial en la guerra contra el narcotráfico en los Andes. Los 180 miembros del servicio destacamentados ahí realizan cerca de 100 vuelos mensuales sobre el Pacífico buscando barcos con droga provenientes de Colombia, fuente de alrededor del 90% de la cocaína consumida en Estados Unidos.
Para los ecuatorianos, Manta es un punto álgido en un debate regional sobre los límites del poder de Estados Unidos en Latinoamérica.
En 1999, funcionarios estadounidenses negociaron un acuerdo de 10 años con el Presidente Jamil Mahuad para instalar un complejo proyecto de detección de radar aéreo en Manta, puerto de 250.000 habitantes. El trato no requería que Estados Unidos le pagara renta a Ecuador, ni permitía que los estadounidenses destacados ahí fueran juzgados en tribunales ecuatorianos por delitos cometidos en Ecuador. Tampoco fue sometido a la aprobación del Congreso ecuatoriano.
Mahuad fue derrocado por un golpe militar unas semanas después. Correa se opone a la renovación del acuerdo. Muchos ecuatorianos temen que pueda terminar por involucrar aún más a su país en la larga guerra civil en Colombia, temor que se incrementó en marzo, cuando fuerzas colombianas incursionaron en un campamento rebelde en territorio ecuatoriano.
Pero para Correa, el debate es tan personal como político. Cuando era niño, en Guayaquil, su padre fue encarcelado en Estados Unidos durante varios años bajo cargos de contrabando.
Correa no tiene intenciones de involucrar aún más a los ecuatorianos en la guerra de Estados Unidos contra las drogas. Ha propuesto indultar a las mulas con sentencias largas en prisión por el contrabando de cantidades pequeñas de cocaína.
En una reestructuración de las fuerzas armadas, en abril, eligió a Javier Ponce, poeta que aboga por menos cooperación militar con Estados Unidos, como ministro de Defensa. “¿Debería Ecuador tener una base en Miami? ¿O en Nueva Jersey?”, dijo Ponce, de 59 años. “La decisión del Gobierno es no renovar este acuerdo”.
Encontrar otra ubicación habría sido más fácil hace una década, cuando el prestigio de Estados Unidos en la región era más alto y los aliados más fáciles de encontrar. Por ahora, los funcionarios estadounidenses están resignados a trasladar las operaciones de Manta cuando expire el acuerdo, en noviembre del 2009, a Curaçao y El Salvador.
Russell Crandall, ex asesor de la Casa Blanca y experto en esfuerzos antinarcóticos, dijo que los esfuerzos de interdicción, así como el resistente tráfico de drogas de Colombia, sobrevivirían sin Manta.
“Es sólo la cereza en el pastel”, dijo. “La guerra contra el narcotráfico avanzaba a toda velocidad antes de Manta y seguirá a toda velocidad”.