Inicio - eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
DOMINGO | 18 de mayo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
 Ediciones Anteriores
  
eluniverso.com Suplementos Especiales Servicios Clasificados
Publicidad
Portada
Política
Economía
Sucesos
Migración
El País
Internacionales
Deportes
El Gran Guayaquil
Vida
En escena
Religiosa y Obituarios
Opiniones
Editorial
Columnistas
Vladdomanía
Cartas al Director
Temas
Fotogalerías
Agropecuario
Un día como hoy
Cuéntamelo todo
El Alquimista
The New York Times
Eloisa dice
Suplementos
Servicios
eluniverso.comNew York Times

Estados frágiles

ampliar imagen ampliar imagen

Nader al Mutairi (izquierda) y su primo Enad al Mutairi intentan hacer compatibles las reglas del islam con sus impulsos románticos.
Mas fotos de la noticia Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Noticias Relacionadas
Noticia relacionada Amar es una odisea para los saudíes

Mayo 18, 2008

POR ETHAN BRONNER | JERSUSALÉN

Los árabes israelíes siguen siendo forasteros en su país

Al tiempo que Israel celebra su 60 aniversario este mes regocijándose en el renacimiento nacional judío y en los valores democráticos, los árabes que componen el 20% de su población no se suman a las celebraciones.

Aunque gozan de mayor prosperidad, están más integrados que en cualquier otra época de su historia y tienen más libertad que la inmensa mayoría del resto de los árabes, los 1,3 millones de ciudadanos árabes de Israel siguen siendo muchísimo menos ricos que los judíos israelíes y cada vez se sienten más rechazados.

Para la mayoría de israelíes, la identidad judía es crucial para la nación, la razón por la que están orgullosos de vivir allí, así como el lazo que sienten con la historia.

Pero los árabes israelíes, incluidos los que mejor se han integrado, afirman que hay que encontrar una nueva identidad para la supervivencia del país a largo plazo. Para ellos, el nacimiento de Israel sigue representando la nakba, o catástrofe.

“No soy judío”, afirma Eman Kassem-Sliman, periodista de una emisora árabe en un hebreo impecable y cuyos hijos van a un colegio eminentemente judío en Jerusalén. “¿Cómo voy a poder formar parte de un Estado judío? Si definen esto como un Estado judío, están negando que esté yo aquí”.

La izquierda y la derecha consideran cada vez más a los árabes israelíes como uno de los retos clave para el futuro de Israel, uno que está irremediablemente unido a la búsqueda de un acuerdo general entre árabes y judíos.

Los judíos temen en última instancia perder la batalla demográfica a manos de los árabes, tanto en Israel como en el territorio más amplio que el país controla.

La mayoría afirma que el fin de la identidad judía de la nación implicaría el fin de Israel. Pero temen que si no logran infundir a los ciudadanos árabes un sentimiento de pertenencia correrán peligro, ya que los árabes fomentan la idea de que, con o sin 60 años, Israel es un fenómeno pasajero. “Quiero convencer al pueblo judío de que tener un Estado judío es malo para ellos”, explica Abir Kopty, defensor de los árabes israelíes.

Por todo Israel —y sobre todo en el norte— se encuentran vestigios de docenas de aldeas palestinas parcialmente vacías, cicatrices de un paisaje marcado por el conflicto que dio a luz al país en 1948.

Pese a ello, algunos habitantes originarios y sus descendientes, tociudadanos árabes israelíes, viven en pueblos y pequeñas ciudades atestadas de gente, por lo general cerca de las antiguos aldeas, y se les prohíbe repoblarlas mientras que a las comunidades judías que las rodean les instan a que se expandan.

Hace poco, Jamal Abdulhadi Mahameed condujo el auto hasta pasar unos campos de trigo y sandías de un kibbutz, se metió por una carretera de tierra rodeada de pinos y cactus, y vio los restos destartalados de unas escaleras, explicando: “Ésta era mi casa. Aquí nací”.

Afirma que lo que más desea en este momento, con 69 años, es dejar el pueblo cercano lleno de gente, venirse a esta parcela de tierra sin cultivar con los arbustos de granadas plantados por su padre y trabajarla, al igual que habían hecho las generaciones anteriores a él. Ha ido a juicio para conseguirla.

“Se nos prohíbe utilizar nuestra propia tierra”, explica. “Quieren ponerla a disposición de los judíos. Mi hija no hace distinciones entre los pacientes judíos y los árabes. ¿Por qué tiene que tratarme el Estado de forma distinta?”.

La respuesta está relacionada con el sionismo, movimiento del renacimiento judío y del control de la tierra en la que floreció la identidad judía hace más de 2,000 años.

“Las tierras significan presencia”, señala Clinton Baley, erudito israelí que se ha centrado en la cultura beduina. “Si quieres tener presencia en este país, tienes que tener tierras. El país no es tan grande.

Lo que se cede a los árabes ya no lo pueden usar los judíos que puede que todavía quieran venir”.

Este antagonismo es de doble sentido: la mayoría de los árabes israelíes expresan su solidaridad con sus hermanos palestinos que sufren la ocupación y algunos parlamentarios árabes acusan con frecuencia a Israel de nazismo.

Entretanto, varios rabinos de derechas han prohibido a los judíos que alquilen apartamentos a árabes o que les den trabajo.

Y la mayoría de los judíos, según las encuestas, están a favor de expulsar a los árabes de Israel como parte de una solución de dos Estados, una opinión que hace una década se consideraba extrema.

Los árabes del país rechazan esta idea en parte porque prefieren la seguridad de una democracia israelí imperfecta a cualquier sistema que se pueda convertir en un Estado palestino inestable. En esto consiste en parte la paradoja de los árabes israelíes. Su enfado ha aumentado, pero también su sentido de la pertenencia.

De hecho, hay un grado real de coexistencia entre árabes y judíos en muchos lugares y el Gobierno se comprometió hace poco a mejorar el acceso de los árabes a la educación, a las infraestructuras y a los empleos gubernamentales.

“Sabemos que necesitan más tierras, que sus hijos necesitan un lugar en el que vivir”, decía Raanan Dinur, director general de la oficina del primer ministro. “Estamos contemplando la idea de construir una nueva ciudad árabe en el norte.

Nuestro objetivo principal es tomar lo que hoy son dos economías e integrarlas en una”. Aun así, a la gente le preocupa que se les esté acabando el tiempo. Mahameed y sus vecinos se presentarán en julio ante el Tribunal Supremo con el objetivo de obtener 20 hectáreas de la tierra que antes pertenecía a sus familias y que no está cultivada, a excepción de unos pinos plantados por el Fondo Nacional Judío.

Abdulwahab Darawshe, ex parlamentario de Israel y jefe actual del Partido Democrático Árabe, aseguraba que “independientemente de lo que suceda, no volveremos a irnos de aquí. Ése fue un grave error en 1948. No obstante, nuestra identidad se está volviendo cada vez más palestina. No nos pueden cortar del árbol árabe”.


 Agenda
Guayaquil
Seminario

El conferencista Charles Silva, especializado en Texas, dictará un seminario sobre ‘Equilibrio Mental’  hasta el viernes 23 de mayo, de 18:00 a 21:00, en la sala-auditorio ubicada en  Panamá 208 y Padre Aguirre. Informes: 236-2870, 235-4751.
Más Actividades 
Secciones : Política | Economía | Sucesos | El País | Internacionales | Deportes | El Gran Guayaquil | En escena | Vida
eluniverso.com | Suplementos | Especiales | Servicios


eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
Diario El Universo - Av. Domingo Comín y Calle 11 - Guayaquil, Ecuador
Telf.: 593 4 2490000 Fax: 593 4 2492925 P.O. Box: 09 01 0531

Este diario es miembro de AEDEP, SIP, WAN

© Derechos Reservados Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados