sábado 17 de mayo del 2008 Columnistas

Más acerca de las universidades

Para seguir el tema de mi artículo anterior sobre los acuerdos alcanzados entre el Consejo Nacional de Educación Superior y la Senplades, publicados en la prensa nacional, es necesario señalar que hay que establecer muy claramente los requisitos y exigencias para crear una universidad.

En el Ecuador, según información verificada por este Diario y publicada en su Guía de Carreras Universitarias el 31 de enero de este año, existen 69 universidades.

Una atenta lectura de la guía nos deja algunas interrogantes acerca del porqué existen determinadas carreras en ciertas universidades y porqué si tenemos 43 escuelas universitarias que dan títulos en Ciencias de la Educación, los resultados escolares son deficientes o si en el país necesitamos 38 escuelas de Derecho y 60 de Administración de Empresas, cualquiera que sea su denominación, o en qué consiste un título tan novedoso como “Ingeniería en Educación Parvularia”.

Cuando las universidades eran creadas por el Congreso, mediante ley, algunas veces eran el resultado de promesas políticas realizadas para conseguir los votos de la ciudad a la que se la dotaba de una universidad, aunque no se pudiera garantizar que hubiese en el lugar los profesores con la calificación académica necesaria y aunque las carreras con las que se iniciaba no tuvieran nada que ver con las necesidades de la región. Más tarde, cuando se requirió la aprobación del Conuep, la presión de la ciudadanía del lugar era tal, que en una ocasión hasta se secuestró por unas horas al presidente del organismo.

Por eso no es extraño que existan tantas escuelas de Ciencias de la Educación, de Derecho o de Filosofía, simplemente, se iniciaban con las que requerían menos laboratorios e instalaciones.

Pero esto tiene que terminar. Primero debemos recordar qué es una Universidad, por qué nacieron, qué las define y decidir aceptar como tales solo a las que respondan a esa definición y a esos objetivos. Las tareas de una universidad son buscar y producir conocimiento científico, trasmitirlo de tal manera que sus alumnos sean capaces de aplicarlo con éxito y de renovarlo, producir pensamiento que permita organizar la sociedad de manera justa y armónica, proponer teorías aplicables a nuestra realidad para transformarla y, todo eso, en un auténtico clima de interdisciplinariedad y libertad académica que es el objetivo de su autonomía.

Para lograr esos objetivos se requieren maestros científica y pedagógicamente capaces y los medios materiales necesarios.
Todo esto debe ser definido ya y se debe asumir la decisión de no crear ni una sola universidad más, que no pruebe rigurosamente que está en condiciones de cumplir con altura su tarea. Las que ya existen, deben ser sometidas a una evaluación, para decidir qué carreras de las que ofrecen pueden sustentar con solvencia académica y eliminar las demás, de manera que todos sus esfuerzos los dediquen a aquellos ámbitos del saber para los que tienen mayores posibilidades de desarrollo.

Y, por supuesto, si ya hay acuerdo para el examen de admisión de los alumnos, esperamos que pronto lo haya para la admisión de los maestros.
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