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Alfaro, Huerta y Aguirre Abad |
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En dos jurisconsultos, doctores en ciencias de la justicia, extendió a Guayaquil su lección el espíritu alfarista.
El sentido está en que tanto Gutemberg Vera Páez como Rodrigo Saltos Espinoza, en sus rectilíneas existencias han hecho práctica vital los ideales de la verdadera revolución alfarista: combate para el bien social, defensa ardorosa de la justicia, pureza de una praxis en cátedra de humanismo superior.
Lo mejor de la revolución francesa: laicismo, libertad, educación popular, liberación de mujeres, conciencias y economías populares, dio perfil inmortal a la obra de Alfaro.
No han buscado otras metas las enseñanzas universitarias y los libros de Vera y de Saltos. El verdadero Alfaro vive.
Todo eso corroborado en el diario ejercicio profesional con una dedicación que debemos proclamar en voz alta, sin timideces, en estos días cuando, como dijo Ruy Barbosa, pudiera sentirse vergüenza de ser honesto...
Guayaquil conoce que Saltos Espinoza desde sus años juveniles la sirvió en el centro mismo de la más dolorosa latencia social de correccionales o casas de reeducación de menores hasta su desempeño sin tacha, autoridad en el Derecho Especial de Menores.
Digno de un homenaje de aquellos que con la supervivencia del espíritu alfarista, extiende por el país la cátedra y la sección académica de la Confederación de Periodistas que desde Portoviejo llegó a Guayaquil a reconocer los méritos de Vera Páez con unánime aprobación de la cultura porteña hace dos meses.
La Casa de la Cultura de Manabí tomó nombre y apellidos de Eloy Alfaro Delgado, el libertador nacional, el mártir del Ejido, purificado más por el fuego que determinó, como la cruz fue para Cristo, su símbolo, su identificación reivindicadora.
Acercándose 2012, ya está en prensa el análisis y la referencia histórica del libertador sacrificado en 1912.
La cátedra alfarista se incrementó a propósito de la evocación histórica que definirá la trascendencia de Alfaro. Consolidó la actividad de la Casa de la Cultura manabita con la dedicación a la juventud al formarse la Casa de la Cultura Juvenil.
Crece con los pioneros, conjunto de niños que con sus padres se suman al aprendizaje de lo que ha sido la etapa regeneradora para el país desde el nacimiento de Alfaro hasta la eclosión montubia e indígena, burguesa y juvenil de 1895.
Coincide esta celebración con el centenario de quien fuera querido maestro de juventudes en la Universidad de Guayaquil y en los colegios Rocafuerte y José Joaquín de Olmedo: Francisco Huerta Rendón. Diáfano alfarista y guía liberal como su hermano Raúl Clemente.
Y tenemos el bicentenario del patricio Aguirre Abad, cuya historia del país en su redacción debe ser alma de toda palabra que le rinda homenaje. Huerta, arqueólogo y educador. Aguirre Abad patricio e historiador.
Aguirre Abad en sus 200 años no debe desdibujarse en la memoria continental por ser el ideólogo, redactor y ejecutor del decreto que terminó con la esclavitud humana en el Ecuador. Antes que Alfaro.
De formación revolucionario liberal, únicamente un despótico titán como García Moreno pudo cerrarle el camino –con arma innoble– para la presidencia del país al cual amó devota y prácticamente, Aguirre Abad. |
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| Enrique Krauss Rusque |
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