La exhibición, que recoge grabados y dibujos realizados por el artista ecuatoriano Hernán Zúñiga Albán, en 3 décadas de trayectoria, se realiza por invitación de la Fundación Estampería Quiteña.
Prostitutas, gomeros, chamberos y pandilleros son protagonistas del universo marginal que Hernán Zúñiga (Ambato, 1948) redescubre en su muestra El ladrón de sueños en la Capilla del Robo, que se inaugura hoy a las 19:00 en Quito.
La exhibición recoge treinta años de dibujos y grabados de este artista que reside en Guayaquil desde los cuatro años de edad, aunque también vivió en Quito y La Habana (Cuba).
La periferia del mercado central porteño fue el ambiente donde desarrolló su infancia y que le permitió ese primer encuentro con estos seres a menudo despreciados, ocultos o ignorados por una sociedad que Zúñiga considera “violenta”, porque no los reconoce como parte del ambiente urbano.
“El artista debe sacar a la luz la marginalidad urbana; es un propósito valioso porque en la cultura popular subyacen los auténticos signos de nuestra identidad”, señala este pintor, grabador y poeta que destaca en el arte ese poder para “mostrar quiénes somos. La televisión presenta a los marginados con una visión sensacionalista, de rating, de espectáculo, mientras que la propuesta del artista es la del comunicador que busca descubrir al reprimido”.
La avenida 24 de Mayo en la capital, en cuyas proximidades residió Zúñiga en los años setenta, le mostró al artista un escenario marcado por la prostitución. “Por allí viví y bacilé con los artistas de mi generación. He estado en tantos cabarés como iglesias, y en ambos sitios he encontrado a Dios”, comenta; sin embargo, agrega que nunca ha compartido intimidad con una prostituta, porque considera que pagar por afecto denigra al ser humano y particularmente a la mujer.
De la memoria al papel
Sesenta trabajos neoexpresionistas exhiben esos personajes que Zúñiga desnuda -a veces de manera sutil y otras crudamente- a través de diversas expresiones del arte, entre ellas acrílicos que ha elaborado en los últimos meses.
El expositor confiesa disfrutar por igual cuando pinta, dibuja o hace un grabado, considerando este último sencillamente más metódico.
Es más, afirma que ciertos temas lo han motivado a manejar las tres expresiones, a las cuales a menudo incluye la poesía para completar la temática. Y cuando escribe su lírica dibuja las letras con caligrafía Palmer.
En esta exhibición Zúñiga ofrece al espectador la posibilidad de participar en ese proceso creativo, ya que en muchas ocasiones su obra incursiona sutilmente en lo abstracto para incentivar al visitante a interpretar los trazos para crear escenarios y personajes a su libre albedrío. “Sucede algo parecido que con la literatura, en la que el lector debe crear en su mente los mundos que le ofrece el escritor; aquí el texto es plástico y requiere que el espectador vaya armándolos”.
De esta manera, Zúñiga busca que el espectador se vuelva cómplice de su delito, porque “me considero un ladrón que arrebata los sueños de los marginados”, para ahora compartirlos con el público quiteño en la Capilla del Robo, iglesia colonial restaurada que desde este año es escenario de las exhibiciones de la fundación Estampería Quiteña, institución especializada en grabados.
Tal entidad invitó al artista a emprender esta exhibición que cuenta con el auspicio de la fundación Garza Roja.
BREVES
La Capilla del Robo
Está en la avenida 24 de Mayo e Imbabura, en el centro histórico, en donde se han gestado leyendas sobre la construcción (siglo XVII). Algunas refieren a robos cometidos por los indios debido a la miseria. Se dice que un hombre rico hizo levantar la iglesia para salvar sus almas.
La exhibición
Estará abierta hasta el 6 de junio, fecha en que Zúñiga inaugurará la muestra en la Casa de las Artes.