El Inter de Milán y el AS Roma se disputan este domingo el codiciado scudetto, como mandan los cánones del suspenso futbolístico en el último partido de la Liga, en el que el primero visitará al Parma y el segundo al Catania.
Aunque ocurre menos veces de las deseadas, un final de suspense como el de este domingo es el sueño cumplido de los aficionados y las televisiones con derecho de retransmisión.
Este final de infarto se produce porque en la última fase de la temporada el Inter se ha desinflado, mientras que el Roma se ha mantenido más estable.
Los milaneses tienen una ligera ventaja, van un punto por delante, lo que les da la tranquilidad de saber que todo lo que ocurra depende de ellos.
Los romanistas, en cambio, sólo tienen una posibilidad ganar y esperar que el Inter empate o pierda: cualquier otro resultado del Roma no vale para ganar la Liga, pues aún un empate suyo y una derrota de los negrirojos significaría su triunfo final.
Hasta ahí las matemáticas; después las decisiones de terceros que pueden influir en el juego, como la del prefecto de Catania que prohibió la presencia de "tifosi" romanistas debido a los precedentes de disturbios entre ambas hinchadas.
Tampoco los tendrán los del Inter, porque aunque el prefecto de Parma está "seguro" de que las aficiones de los dos equipos "iban a ser correctas", ha decidido que no puedan estar, en un acto de supuesta "igualdad de condiciones".
Otra decisión que planeará sobre el Inter es la publicación hoy de las conversaciones telefónicas mantenidas por su técnico, Roberto Mancini, y algunos de sus jugadores, como Marco Materrazi, con Domenico Brescia, un hombre con antecedentes penales y supuesto aliado de la Ndrangheta, la mafia de Calabria, en el sur de Italia.