Con Dios como guía, logro resultados perfectos.
Dejar ir
La decisión es mía: ¿cómo responderé ante el reto que tengo ante mí? Cuando enfrento una situación potencialmente desagradable, quizás un desacuerdo con un compañero de trabajo o una discusión con un amigo, puede que tenga varias opciones para elegir. Una podría ser evitar completamente la situación. Gracias a Dios, también tengo la alternativa de orar.
La oración me proporciona paz y claridad.
Qué gozo es saber que no tengo nada que temer cuando confío en Dios como mi guía.
Al dejar ir las preocupaciones, soy libre para recibir la dirección y comprensión divina.
Permito que Dios guíe mis palabras y acciones para que se dé el resultado perfecto. Lo que antes podría haber parecido un conflicto, se ha transformado en crecimiento espiritual.
–Salmo 56:10-11
“En Dios, cuya palabra alabo...”.
“En Dios he confiado. No temeré”.