Miércoles 14 de mayo del 2008 La Caja

Liberación bajo fianza

¿Qué se obtiene de un reality show con vocación de confesionario, un cura “rebelde” y $ 10.000? Tenemos unos “momentos de la verdad” como los del último domingo: llenos de contradicciones. Paradójicos. Agridulces. No vamos a hablar del sacerdote y sus contradictorias respuestas. Eso va para una columna aparte.Pero si en un lado recalcan ese efecto liberador de la verdad, que sabemos no es tal; en el otro, el programa tiene la perversidad de la ambigüedad moral. Eso queda al descubierto con las encuestas en la calle. ¿Manejó borracho? Todo el mundo sí. ¿Ha pegado a un niño? De nuevo, todos sí. ¿Quiere cambiar el país? Silencio total. Al proponer esas verdades colectivas como verdades auténticas y sin ninguna sanción moral, los comportamientos quedan avalados socialmente en sí mismos. Si todo el mundo pega a los niños, ¿por qué yo no?

Porque en ese campo, los productores juegan en terreno pantanoso. Finalmente, muchas veces la mentira no es más que un mecanismo de defensa por temor a la sanción social. Pero si en lugar de castigo hay dinero para premiar eso, los límites se comienzan a borrar.Y ahí está lo más cuestionable del ejercicio. Mientras se hablaba de los efectos liberadores de la verdad, el sacerdote contó que tuvo relaciones sexuales con una chica en Bolivia. Pero, al mismo tiempo, dijo que había vivido mintiendo todo este tiempo, que nadie había sabido de su aventura. Entonces, ¿qué mensaje se dio? Si me ponen al frente $ 10.000, lo cuento todo y se acabó. ¿De qué liberación hablamos?
La Caja

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.