Militares fallecidos en choque de dos helicópteros serán sepultados esta tarde en Quito.
La marcha fúnebre entonada con el melancólico sonido de las trompetas. Decenas de militares que se acercaban a los deudos a expresar sus condolencias. Las banderas del Ecuador cubriendo los féretros.
Así fue como la mañana de ayer los miembros de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) despidieron a sus dos compañeros, quienes fallecieron en un accidente aéreo en la Base de Taura. El hecho ocurrió a las 12:45 del pasado lunes, cuando dos helicópteros que realizaban maniobras en el aire se impactaron y se precipitaron al suelo, a unos 200 metros de la pista aérea.
En el siniestro murió calcinado el cabo Víctor Hugo Molina Pichucho, de 29 años, quien viajaba en una de las naves como mecánico. Su acompañante y piloto, Gustavo Fernando Coronel Lara, de 28, quien salió de la nave envuelto en llamas, falleció nueve horas después por las quemaduras que sufrió en el 70% del cuerpo.
Mientras que los dos ocupantes del otro helicóptero resultaron ilesos, pues lograron realizar un aterrizaje de emergencia. Ambos permanecen en la Base de Taura para las respectivas investigaciones del caso.
“Víctor tenía diez años como técnico y era muy precavido al volar, pero la suerte es así y ahora no está y no puedo hacer nada para que regrese”, decía ayer conmovida la madre de Molina, Martha Pichucho, mientras abrazaba a su nuera, Dolores Zambrano, con quien la víctima tenía dos hijos, de 5 y 7 años.
Ambas mujeres encabezaron la pequeña caminata que se realizó para llevar los cuerpos desde la capilla ardiente hasta la pista de aterrizaje de la Base Simón Bolívar, de Guayaquil. Ahí, los féretros fueron embarcados, a las 08:30, en un avión para ser trasladados a Quito, de donde las víctimas eran procedentes.
El momento fue observado con dolor por Santiago, quien vistió la chaqueta de camuflaje de su hermano mayor, Víctor Molina. “Llevo puesto este uniforme en su honor”, expresó el joven entre lágrimas.
Momentos igual de emotivos se vivieron después en la funeraria del Instituto de Seguro Social de las Fuerzas Armadas, ubicada en El Batán de Quito, donde los cadáveres serán sepultados a las 16:00 de hoy.
Al lugar acudieron familiares y amigos de Coronel, quienes informaron que el joven ingresó a la FAE en octubre de 1997. “Fue un caballero del aire, amó volar; siempre decíamos que seríamos felices si la muerte nos cogiera haciendo lo que nos gusta”, recordó Álvaro Quirola, compañero de la víctima.
Él también comentó que hace ocho días Coronel estuvo en Manta arreglando los preparativos para contraer matrimonio con la manabita Carla Macías, en agosto próximo.
DETALLE: Investigación
Alonso Espinoza, comandante de Operaciones y Defensa de la Fuerza Aérea, aseguró que aún no se desconoce si el accidente fue causado por falla humana o técnica. Esto, dijo, será aclarado por una Junta Investigadora de Accidentes (JIA), la cual se conformará con oficiales técnicos, pilotos, médicos y abogados de distintas bases.
“El piloto tenía 320 horas de vuelo. No sabemos si se distrajo, pasó un pájaro o cuál fue la causa anómala del accidente”, mencionó.