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Hace mucho tiempo que por el cine y otros medios masivos de comunicación social, el ámbito de la intimidad sexual dejó de ser privado y pasó a ser público.
Lo privado de la alcoba matrimonial dejó de ser un misterio y dio un salto al vacío de la explotación comercial.
De tal manera debe influir esto en las jóvenes generaciones que algunas jóvenes asambleístas han pensado o propuesto que se consagre en la Constitución el derecho de las mujeres a que su pareja les proporcione placer sexual.
¡Increíble, pero cierto! Me quedé pasmada cuando escuché la información por radio y todavía espero que haya sido una broma de entretiempo. Sin embargo son tantas las descabelladas ideas que se están debatiendo en las mesas de trabajo de la Asamblea, que no me cabría la duda que terminen proponiendo algo sobre este tema.
De consagrar este derecho, ya me imagino a las mujeres de la tercera edad marchando para exigir que el Estado entregue gratuitamente medicamentos para mejorar la potencia sexual de sus maridos jubilados y que estos puedan garantizarles su derecho al placer. Da risa… sí, y vergüenza también…
Desde antes de los setenta he navegado por el tema de la educación sexual; tengo una visión científica e integral de la sexualidad de la persona humana y rechazo las visiones reduccionistas como la propuesta en mención.
Me pregunto, además, ¿y el amor dónde queda?
Y es que así como cada persona recibe y da el amor de acuerdo a su experiencia de vida, necesita que se le exprese el amor de una determinada manera, porque cada ser humano es único e irrepetible; por lo tanto, el placer que puede experimentar con su pareja no hay cómo regularlo en un artículo constitucional, sino que estará dado por la capacidad de entrega, donación y voluntad de hacer feliz a quien se ama.
La historia ha demostrado que la conciencia de los derechos no es suficiente para su respeto y cumplimiento. No podemos anular la conciencia humana convirtiendo en letra de ley todo lo que se nos antoje necesario.
Si hay algo natural en el ser humano, precisamente, es la búsqueda de su bienestar y placer, por lo tanto es más que un absurdo querer legislar sobre algo que debe seguir siendo privativo de la intimidad de una pareja. ¿Cómo saber si me proporciona placer porque me ama o porque tiene que hacer efectivo mi derecho?
Creo que este tema es una muestra de las desviaciones que se están dando en el proyecto de Constitución en el que se intentan introducir con novelería e ingenuidad, montones de ideas que no tienen nada que ver con un texto constitucional, en perjuicio de las pocas buenas reformas que sí son necesarias en el país.
La Constitución actual reconoce la igualdad de los derechos de la mujer y el contrato matrimonial establece también la igualdad de deberes de los cónyuges. Del resto puede encargarse un programa bueno y viable de educación para el amor, la sexualidad y la vida en familia.
A pesar de esto ¿qué más quedará por escuchar? |