lunes 12 de mayo del 2008 Columnistas

Elecciones en la república del Paraguay

En la república del Paraguay se cumplió un proceso electoral en un contexto cuyo parecido con el de otros países latinoamericanos no es pura coincidencia.

A grandes rasgos vemos que Paraguay es un país de pequeñas dimensiones territoriales y cerca de seis millones de habitantes. Su economía está basada en un modelo agroexportador, sin mayor desarrollo industrial y abundantes recursos naturales. Tiene altos índices de informalidad y prácticas ilícitas como el contrabando y narcotráfico. El índice de desocupación y subocupación ronda el 40%.

La falta de adecuadas políticas agrarias en el campo y la marginalidad urbana hacen que la población emigre a España y Argentina, principalmente, en busca de trabajo. Las remesas de dinero de los emigrados en el año 2006  sumaron 650 millones de dólares.

La partidocracia tiene nombre y apellido en Paraguay y son el tradicional partido Liberal y el  Colorado, que ha gobernado por más de 60 años con todos los viejos vicios imaginables de la política y con verdaderos dueños del país como lo fue Stroessner.

La soberanía del pueblo paraguayo ha sido violentada a lo largo de su historia  incluso con el abusivo aprovechamiento de recursos hidroeléctricos por parte de sus vecinos.

El triunfo electoral  del obispo Fernando Lugo, otro outsider de la política en Latinoamérica, es la respuesta del pueblo paraguayo en las urnas  al injusto y caduco sistema político y a los anhelos de cambio que avanzan en la región.

Empero, dicho triunfo se articula en un complejo espectro de alianzas en el que participa una de las formaciones políticas de la partidocracia, el partido Liberal, junto con politiqueros de oficio, personajes de oscuros antecedentes y movimientos sociales de signo socialista. Lógicas inquietudes despiertan tales acuerdos.

En este contexto se abre un amplio horizonte de posibilidades para el futuro del Paraguay,  así como  desafíos al nuevo gobierno. Más que encasillarlo como de derecha, centro, populista o de izquierda, resulta conveniente observar y analizar la conducta de los actores políticos y del gobierno. Si este respeta y garantiza los derechos fundamentales de los ciudadanos y asegura sus derechos económicos y sociales, estará cimentando la democracia. Si el poder fluye de la base al vértice, se estará construyendo una democracia participativa. Si se hace un ejercicio transparente del poder, tendrá no solo legalidad sino legitimidad.

Una circunstancia juega a favor del nuevo presidente, la pertenencia del Paraguay al Mercosur. Socio menor en relación con Brasil y Argentina, tiene la oportunidad de redefinir las reglas del juego con sus vecinos y aprovechar las ventajas que ofrece el desarrollo de la subregión.
Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.